En la esquina de Marqueses con Juan de Dios Martín se produjo el sobresalto. La atmósfera, perfecta: día azul, sol suave en la mañana, soledad en las calles y, agazapada, detrás del fotógrafo, te mimetizabas con la sombra insinuada a la derecha.
Sí, la Sombra que a mi espalda me acompañaba comenzó a adquirir personalidad propia en las fotos esquinadas: fiel compañera en aquellos días primaverales y, por momentos, parecía un personaje casi fijo en estos PHOTOTEX de miradas reservadas. No sé por qué no la había notado antes. Debe ser el punto de vista, que se ha agudizado en esta pandemia que parece renovarse por momentos.
Ya ven: otra sombra que nos marca y cercena las libertades.





























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