PHOTOTEX: Antonio Pineda (II)

Juan FERRERA GIL Miércoles, 04 de Agosto de 2021 Tiempo de lectura:

547. Pineda2

     Cuando entró a trabajar en la Finca de la Marquesa pensó que aquello sería para toda la vida:

     --- Creo que si no cometo errores, esto puede durar mucho tiempo.

     Estaba el hombre la mar de contento pues gracias al nuevo empleo levantó un segundo piso en la terrera casa de sus padres y en la azotea instaló, antes que nada, el palomar para sus tardes de asueto.

     Conocía el cultivo del plátano perfectamente y los enfadados capataces de la Marquesa apenas le tenían que dictar órdenes: Antonio Pineda se adelantaba siempre a sus deseos: sabía lo que tenía que hacer y ya está. Por eso siempre fue bien mirado en la finca y los capataces, mayormente gritones, suavizaban el tono.

     Cuando su mujer quedó embarazada (“Antoñito, mi niño, estoy encinta”) confirmó que la familia, “palante”. Eso sí: sus palomas eran intocables: allí nadie podía meter mano. Y cuando ganó el campeonato de palomos deportivos en las fiestas del barrio, durante tres años seguidos, diseñó una tosca vitrina donde guardar los trofeos.

     --- Don Antonio, un momentito: hemos pensado que sería usted un buen juez en el próximo Campeonato Provincial de la Federación Colombófila. ¿Qué me dice?--- les espetó un día el presidente de la Insular.

     Y en esas andaba cuando le llegó el primer hijo: entre vuelo y vuelo.


 


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