El tiempo
y con frecuencia repito:
“me parece que fue ayer”.
Voy a charlar con el tiempo.
Es más, le voy a cantar,
no se vaya él a creer
que quiero dramatizar
diciéndole lo que siento.
Que no parezca un lamento
lo que voy a argumentar.
Le insinuaré que transcurra
a menor velocidad,
que no vuele como el viento,
que se frene, que no fluya
con tanta fugacidad.
Que no son buenas las prisas.
“¿Podrás pararte un momento
para que escuches las risas
de un niño que está contento?”
“¿Te detendrás un instante
para sentir el fervor
de los que somos amantes
de la vida y del amor?”
Y acabaré la canción
diciendo con sentimiento:
“Ten calma, querido tiempo.
Y no corras, por favor”.
Quico Espino































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