OVNIS
Escribo este relato, no para que me crean o dejen de creer, sino porque me parece que hay personas interesadas por el fenómeno ovnis.
En los años setenta las noticias de avistamientos estuvieron largo tiempo sensibilizando y sobrecogiendo a muchas personas, concretamente en la zona de Gáldar-Agaete. De todos es sabido el testimonio de un conocido médico, honrado y respetado por toda la comarca, que tuvo la experiencia, para bien o para mal, de observar esos extraños fenómenos.
Estoy segura de que fueron muchas las personas que vieron ovnis a lo largo de aquellos años. Por apocamiento o por miedo a lo desconocido, unos, y otros por huir de la publicidad y la curiosidad prefirieron callarse como es el caso de mi madrina, una señora muy querida por quienes la conocimos. Ella me relataba su experiencia cada vez que le preguntaba, y lo curioso era que no quitaba ni ponía una coma en su repetido relato, el mismo que un día recogí, como si fuera una entrevista, en un cuaderno escolar, una de las veces que fui a visitarla:
“Fue por el año setenta o así, ya no recuerdo bien la fecha exacta, pero si sé que fue cuando habían parido las vacas y el ordeño era a las cinco de la madrugada, para dar tiempo de llevar las lecheras cerca del barranco, donde esperaba el transporte de la leche.
Me acompañaban tres muchachas de Los Silos. Ya estábamos cerca de San Marcos cuando vimos un aparato raro, un ovni de esos por el centro del barranco del Farragú. Iba muy despacito, como suspendido en el aire. No hacía ruido. Solamente emitía un sonido parecido a “sssss”.
Se nos pusieron los pelos de punta. Las muchachas decían: ¡Ay Lisita!, ¿eso qué es?
Yo las mandé a callar y les dije que taparan con su falda las lecheras para que su brillo no llamará la atención, pues vi que se reflejaban en ellas las luces de colores de... lo que quiera que fuera aquello.
Era casi redondo y del tamaño de un coche. Dentro vimos a dos hombres: uno estaba sentado y miraba algo que había en el interior, y el otro, de pie, miraba hacia fuera, al lado opuesto de donde nos encontrábamos. Me fijé que el que estaba levantado era más grande de cintura para arriba, desproporcionado, distinto a nosotros. No tenían casco, se les veía el pelo negrito, y vestían con una especie de mono blanco.
Lo que quiera que fuera desapareció enseguida sin ruido alguno. Fue como una visión. Cuando llegamos al barranco de Anzo, sin reponernos del susto, encontramos al pastor de cabras, que siempre pasaba con su rebaño a aquella hora, y nos preguntó si habíamos visto algo raro. Nos miramos y comprendimos a lo que se refería.
Y ahora, mi niña, te digo que yo no sé si lo que vimos es de este mundo o de otro. Yo lo que si sé es que nunca he visto cosa igual”.
Lisita murió hace tiempo, con 93 años, gozando de una mente lúcida. Ella y su familia nunca quisieron dar a conocer su experiencia, pero ahora que en EE. UU van a desclasificar el fenómeno ovnis, me han autorizado a relatar lo que he expuesto.































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