Hay despedidas que no terminan nunca; es más: parecen cobrar vida en cada aniversario, al socaire del solsticio de verano.
Al ir sumando los años de ausencia, nos percatamos de que la frontera es otra manera de estar y sentir, en el que un nuevo lenguaje trata de sustituir las palabras, siempre imaginadas, por flores de todos los colores, como queriendo alcanzar casi todos los matices expresivos.
Debemos luchar por las palabras.
Entonces sucede que los detalles, antes tan desapercibidos, ocupan un lugar preponderante, una existencia dentro de otra, como las muñecas rusas.
Caminamos al paso de las despedidas.
Es un malpaís de difícil travesía este desasosiego de ahora.
Sin embargo, sigue siendo un regalo la vida!!






























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