El mundo en bicicleta
Si fuera un coche, por muy bonito o antiguo que fuese, o una moto, se rompería la estética y la calma que se respira en este lugar de Setúbal, una de las ciudades más hermosas de Portugal, donde parece que el tiempo se ha detenido.
La figura de la bicicleta no sólo no estorba ni desentona, sino que se suma, se fusiona y combina con el muro del pozo al que está apoyada, al igual que con el resto de los elementos del entorno, como si formara parte de él.
Quizás, alguna vez, alguien cambió la mula o el burro por este artefacto de propulsión humana para hacer girar la polea y sacar agua del pozo. No es de extrañar que pensara, como muchos de nosotros, que la bicicleta es un invento merecedor de elogios, un artilugio ingenioso, así como un medio de transporte ecológico, sostenible, y sano.
Soy más libre que nunca cuando voy en bicicleta, me han dicho varios amigos ciclistas, y al nombrarla se les pone cara de felicidad, como si tuvieran un lazo sentimental con ella.
Y no me extraña cuando veo las imágenes de los parajes por los que pedalean, como este precioso paisaje…
…que está en algún lugar de Vietnam, o este otro de las cumbres de Gran Canaria:
Sería una estampa digna de ser enmarcada, vista desde el espacio exterior, la figura de la tierra, con toda su superficie llena de gente pedaleando, miles de millones de personas, y un enorme pasquín en el que se lea: El planeta azul monta en bicicleta.
































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