Carta abierta al alcalde de Arucas

Opinion

antoniocabreracruz(Turismo de calidad o turismo de juergas)

Estimado Señor Alcalde:

Acabo de leer con suma atención la noticia de la presentación en sociedad de la página de internet desde la cual el municipio de Arucas se quiere promocionar como la puerta de entrada turística al norte de Gran Canaria.

Me hubiera gustado estar presente en dicha presentación, celebrada en el Nuevo Teatro Viejo de la ciudad el pasado día 9 de junio, para ser testigo de primera mano de los pormenores y objetivos de tales propósitos para así poder contar con más elementos de juicio; y -si hubiera sido posible-participar en el debate.

A priori, todo plan destinado a atraer visitantes y huéspedes al municipio debería ser considerado de interés para la ciudadanía por las distintas implicaciones en la economía y en la vida diaria de todos.

He visitado la página con la curiosidad de un ciudadano que ha visitado y viajado por otras ciudades y lugares del mundo, comparándola con otras similares de España, Países Bajos, Alemania, Italia o California. Debo reconocer que el diseño y la puesta en escena de la página es excelente y permite a cualquier turista interesado, elegir sitios donde pernoctar, comer o visitar: Arucas tiene suficientes atractivos para atraer a ese elusivo “turismo de calidad” que busca lugares únicos, alejados de los viejos clichés del turismo de “sol y playas”, donde compartir, integrándose en nuestra vida.

Al parecer, Arucas ya cuenta con más de 500 camas para que el visitante pueda alojarse en viejas casonas señoriales, antiguas casas nobles de labor, excelentes fincas agrícolas bien equipadas para la comodidad de los huéspedes, todo ello unido a la buena oferta gastronómica y cultural del municipio. A priori, parece una magnífica iniciativa.

Hace tres años mi familia decidió adquirir en la medianía de Arucas una pequeña casita con un poco de terreno donde pudiéramos vivir tras mi jubilación, cultivando la huerta y la literatura, en un entorno tranquilo, rodeados de naturaleza, cercano a la capital de la Isla pero alejados de los bullicios de la vida urbana.

Hemos dedicado mucho tiempo y esfuerzo a acondicionar una casa que estaba en malas condiciones de habitabilidad, pero que nos había enamorado desde el primer día, con los muros cubiertos de hiedra, el canto de los pájaros al amanecer y la vieja chimenea que nos permitía habitarla en los húmedos inviernos.

Poco a poco hemos restaurado la casa y nos hemos integrado en la vecindad, como se hacía en los tiempos pretéritos donde la vida transcurría despacio y los vecinos se invitaban a tomar café con queque a media tarde para conocerse.

Esta vida idílica se ha visto truncada desde hace año y medio por un “vecino” que ha decidido convertir su propiedad en una “vivienda vacacional”, con su licencia correspondiente. Esto no sería nada negativo en circunstancias normales, sobre todo si la visión del propietario coincidiera con la suya, Señor Alcalde, al menos su visión reflejada en la página turismoarucas.com

Al principio de la apertura de la vivienda vacacional en cuestión, situada en la GC240, a la altura del kilómetro 1.050, los huéspedes eran en su mayoría de procedencia extranjera o peninsular y sus actividades consistían en dar largas caminatas por Osorio, montar en bicicleta por los caminos rurales y visitar los restaurantes cercanos, haciendo la compra en los comercios de la zona, y viviendo como vecinos.

Recordamos gratamente a algunos de ellos, a unos les indicamos lugares de interés en la zona; a otros les regalamos algunos limones de nuestro huerto a cambio de unos riquísimos gofres de chocolate belga y a otros los llevamos hasta el centro de Arucas un día de lluvia.

Pero, poco a poco, las actividades principales de la finca vacacional se convirtieron en destino habitual para fiestas, eventos y celebraciones de todo tipo. Dichos acontecimientos se celebraban con toda la parafernalia apropiada para celebraciones donde, a veces, acudían muchas decenas de personas: equipos de sonido profesional, animadores, suministro de bebidas y comidas para los asistentes, que escuchaban música a gran volumen hasta elevadas horas de la madrugada mientras cantaban, reían y bebían, perturbando el descanso nocturno de los vecinos.

El propietario de la vivienda vacacional había decidido que prefería apostar por fiestas multitudinarias los fines de semana que multiplicaban sus ingresos diarios por 30 o 40 antes que alquilarla a dos o cuatro huéspedes de calidad durante una o dos semanas.

Al principio varios vecinos nos quejamos directamente al propietario de la vivienda vacacional, diciéndole que tales actividades causaban molestias a todos. Su respuesta fue cualquier cosa menos educada. Ante el anuncio de que lo íbamos a denunciar, se nos rió en la cara, diciendo: “denúncienme que no les va a servir de nada”.

Pensamos que era una fanfarronada propia de su persona y empezamos a llamar a la Policía Local cuando se celebraba una de tales fiestas. Al principio esperábamos que los agentes se iban a presentar inmediatamente en el lugar para detener los ruidos y los alborotos. Pero fue en vano.

Los agentes no acudieron ni la primera vez, ni la segunda, ni la tercera: siempre había alguna excusa que les impedía venir. Empezamos a grabar vídeos de los ruidos para ofrecerlos a las autoridades municipales como prueba del nivel sonoro y el gran número de asistentes, cuya algarabía se podía oír a muchos cientos de metros alrededor. No entendíamos porqué no se detenía una actividad que claramente infringía la normativa municipale en cuanto al ruido y la perturbación de las normas de convivencia ciudadana y que ya empezaba a causar mella en la salud de algún vecino.

Poco tiempo después empezamos a presentar por escrito una denuncia tras otra, quejándonos de los hechos por las vías legales, tanto en el registro municipal correspondiente como en los medios virtuales para ello, También hemos llamado a la Policía Local cada vez que tiene lugar una de las escandalosas fiestas, pidiéndoles que registren nuestras quejas, aunque no acudan al lugar.

Los vecinos hemos recogido firmas, denunciando los hechos, reiterando los perjuicios que nos causan los asistentes a los eventos y -sobre todo- la propiedad de la vivienda vacacional, que es plenamente consciente de lo que ocurre, pues es quien posee el lugar, y suministra las bebidas, los equipos de sonido y -muchas veces- el avituallamiento de las fiestas.

Hemos sido testigos de que la Policía Local ha venido dos veces ¡en año y medio! y la Guardia Civil una vez más, ante las repetidas quejas vecinales. Pero su llegada no ha servido -aparentemente- para mucho porque las fiestas se han seguido celebrando, incluso infringiendo los distintos grados del estado de alarma de la covid-19 y hasta la fecha seguimos sin tener constancia alguna de que el ayuntamiento que usted preside, señor Alcalde, haya tomado medida alguna para evitarlo.

Me gustaría pensar que ya hay un expediente abierto al respecto y que, solo la lentitud burocrática, está impidiendo que se haya dictado alguna orden ejecutiva que corrija la situación que describo.

Pero me inclino más por pensar que eso que llaman “silencio administrativo” es lo más probable que impere en su administración, y tengamos que acudir a los tribunales de justicia para exigir eso: Justicia.

Nos parece perfecto que la corporación municipal haya proyectado convertir Arucas en la “Puerta del Norte” para el turismo de calidad, aunque dudamos de su efectividad si no se cortan de raíz las actividades de estas hipotéticas viviendas vacacionales que repartidas por el municipio solo actúan de pantalla legal para celebrar fiestas, claramente ilegales, en sitios que debieran servir como destino de turismo alternativo y -sobre todo- como lugares donde vivir una convivencia ciudadana con tranquilidad.

Pensamos, además, que estas supuestas viviendas vacacionales que se usan de forma irregular para otras actividades (como las que le vengo contando) le hacen una competencia desleal a las viviendas vacacionales que -de verdad. ofrecen sus servicios de calidad, respetando las leyes y la normativa de convivencia ciudadana donde están integradas.

Mientras no se resuelva esta situación, señor Alcalde, permítame dudar del éxito de su iniciativa. Hay en Canarias demasiados ejemplos del naufragio de las buenas intenciones relacionadas con el turismo.

En mi nombre y el de varios vecinos de Fuente del Laurel, Altabacales y Los Peñones esperamos que tome en consideración esta carta.

Atentamente,
Antonio Cabrera Cruz
Maestro jubilado y escritor

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