En Cruz de Pineda, a medio camino entre Bañaderos y Arucas, la casa con palmera se muestra en la travesía tiempo ha tan transitada.
Ahora la carretera resulta más tranquila y casi casi la recorren solo sus vecinos. Pero hemos tenido que ir caminando para captar lo que siempre veíamos desde el coche y nos parecía no solo la simetría perfecta sino un entrañable lugar, desconocemos si habitado o no. A nosotros lo que nos llama la atención es su prestancia, sus líneas perfectas y su fachada blanca y verde, donde la palmera, a un lado, parece un viejo guardián que la protege y la proyecta hacia las miradas infinitas. Es el sitio un lugar de paso; sin embargo, en su tiempo vivió con más lentitud y más cariño, donde la gente, en el muro cercano, se sentaba en las tardes primaverales a ver pasar la vida. Y desde esas pachorra isleña, el lugar ha sobrevivido a los avatares del tiempo, siempre tan contradictorio y dispuesto a no hacer “mudanza en su costumbre”.
Y ahí vive y sobrevive la vieja casa y su agradable entorno.
Ojalá que la vida se siga sintiendo en su interior.






























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