La sombra proyectada habla de acogimiento, vecindad y protección.
Cada día soleado, la casa grande ofrece su fachada lateral para acoger a la vecina que, con su tejado a dos aguas, se prolonga en la calle, como si un manto protector fuera, para que los paisanos que por allí pasan queden resguardados del sol; aunque lo cierto es que a esta hora tan temprana se agradece el calorcito que estimula los huesos. Pero ellas, la sombra y la casa, no muestran tristeza ni desesperanza alguna pues saben perfectamente que cada momento tiene su aquel y que cada aquel cuenta con un instante único que dará más vida a sus vidas.
Esta vez las dos viviendas y la sombra han llamado la atención del fotógrafo aficionado y le han hecho ver el valor de su presencia y de lo importantes que son para el lugar, donde su aportación a la voz del Patrimonio Histórico reclama una mirada más detenida. Saben que cada día aguantan el progreso de los continuos cambios; sin embargo, muy conscientes son de que sus presencias resultan más que imprescindibles.
Y, además, se sienten parte de un concepto real: Arucas.





























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