Microrrelatos: "La modelo"

Josefa Molina Lunes, 24 de Mayo de 2021 Tiempo de lectura:

Josefa Molina 2020literaaratos–Salta, le gritó. Quiero que bailes con el agua. ¡Corre, salta, juega con el agua! La muchacha volvió a saltar, corrió por la arena, metió los pies en el agua, lanzó el líquido con las manos hacia el cielo. No, no, no, pon atención. Mira a la cámara. Sonríeme.

Ella le miró y le hizo caso. Siempre le obedecía en todo lo que le decía. Él era el genio, el profesional, el artista. El único capaz de fotografiar el instante preciso, la milésima porción de segundo necesaria.

–Pero, ¿es que no me estás oyendo? Salta. Corre por la orilla con si el amor de tu vida estuviera al otro lado de la playa.

Ella calló y recorrió con gracia unos cuantos metros de arena. Como en una danza se quitó el sombrero de paja que cubría su lisa caballera rubia, se desprendió sensualmente de la larga camisa azul y mostró con picardía a la cámara su espléndido cuerpo de modelo en bikini.

Fue entonces cuando descubrió un pequeño fragmento flotando en el agua que rompía en la orilla, junto a sus pies.

–Venga, así, estás muy bien en bikini, métete más en el agua.

–No, en serio, mejor que no, tengo frío. Creo que tanta humedad no me está sentando bien.

–Pero, mujer, ¡con el sol que hace!... Hasta la cintura, unas fotos más y ya está. Venga, juega con el agua.

Se adentró un poco más en el mar.

–Solo hasta la cintura, ¿eh?, no más, le gritó al fotógrafo. Él siguió haciendo su trabajo. Los ayudantes le recargaban frenéticos las cámaras. En apenas dos minutos disparó más de 200 instantáneas.

–Sonríe. Disfruta del mar. Esto es un anuncio de bikinis. ¡Es momento de lucir ese cuerpazo que tienes!

–En serio. No me siento bien, volvió a decir la chica.

De pronto notó que sus pies habían dejado de rozar la arena. A su alrededor, el agua comenzó a llenarse de pequeños fragmentos de papel mojado que salían de la nada. La chica los miró extrañada. El fotógrafo cesó de hacer fotos y le gritó para que saliera del agua y se cambiará de bikini. Cinco minutos de descanso.

Ella lo oyó a lo lejos. Sus ojos no podían dejar de mirar los trocitos flotantes de papel. Arcoíris de colores que flotaban a su alrededor. Decenas de pequeños peces se acercaron curiosos. A bocanadas engullían los papelillos y se perdían en la inmensidad del mar.

Sintió que perdía altura poco a poco. Tal vez la marea estuviera subiendo. Intentó dirigirse hacia la orilla pero sus pies no le respondían. El nivel del mar creció y ya le llegaba por encima del pecho. Extrañamente, dejó de sentir frío.

En la orilla gritaban su nombre. Le hacían gestos para que saliera, parecían preocupados pero no le importó. Por primera vez en mucho tiempo, se sentía relajada, en comunión con el mar.

Cuando el mar cubrió su nariz, sus ojos se perdieron siguiendo el movimiento suave de los cientos de peces de colores que engullían ansiosos los pequeños trocitos de papel. Se sintió pletórica inmersa en una fiesta de colores brillantes. Una sensación de paz la estaba meciendo. El mar la estaba meciendo.

Buscó sus pies, sus manos, su torso, su pecho...Todo se había deshecho al contacto con el agua. Lo último que vieron sus ojos fue un pez que se acercaba ondulante hasta ella y devoraba sus pestañas de un bocado.

¡Qué preciosidad!, pensó. Intentó sonreír pero no pudo: hacía rato que un grupo de pequeños peces de colores se habían tragado sus labios.


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