A orillas del Guiniguada, un episodio nacional
A orillas del Guiniguada, en su margen derecho, se fundó la ciudad de Las Palmas. En su catedral, a orillas del Guiniguada, fue bautizado el canónigo Cairasco de Figueroa quien para muchos es el padre de las letras canarias. A orillas del Guiniguada se instaló el ilustrado José de Viera y Clavijo, archivero de la Catedral de Canarias, y muy cerca de aquí nació el político republicano, militar y escritor Nicolás Estévanez. En el margen izquierdo se construiría el teatro Pérez Galdós como homenaje al escritor más universal que ha dado Canarias. Durante siglos a orillas del Guiniguada se encontraba, y se encuentra, el centro de la vida política, religiosa y administrativa de la isla. Juan José Mendoza novela la vida y la obra del obispo Antonio Pildáin y Zapiáin al frente de la Diócesis de Canarias entre los años 1937 y 1966, esto es, durante prácticamente todo el Régimen Franquista. Y aquí radica el interés de esta novela histórica cuyo protagonista es el controvertido prelado recordado por sus excesos de celo moralista y su intromisión obsesiva en las costumbres de los isleños. Obsesionado con don Benito Pérez Galdós y con Miguel de Unamuno, ‘maestros de herejías’, arribó a Gran Canaria en marzo de 1937 coincidiendo con los episodios de mayor represión de la dictadura. Las detenciones, ‘las desapariciones’ y los actos de violencia en varios municipios del norte de Gran Canaria lo llevaron a intervenir para salvar a los condenados a muerte, sin juicio de ningún tipo, por los falangistas y a veces con la complicidad de algunos curas. Diversos testigos recuerdan su intervención en el Valle de Agaete contra la represión e interesándose por las personas desaparecidas. Según el historiador José Alcaraz, intervino también en el indulto del último gobernador civil republicano Antonio Boix Roig y de algunos condenados a muerte por la resistencia de Arucas. También dio órdenes a los sacerdotes para que expidieran los certificados de buena conducta necesarios para que los presos pudieran salir en libertad. El obispo, tachado de ‘intolerante doctrinal’ pero ‘tolerante’ para con el hombre concreto, ejerció intensamente una labor social desde su llegada a la diócesis. Ante la situación de miseria, en la que gran parte de la población vivía, puso en marcha las colectas de caridad y el Banco de los pobres, lo que le supuso enfrentamientos con las autoridades franquistas. Famosas se hicieron sus pastorales que abordaban los problemas de los obreros, los salarios, la instrucción y educación, los seguros de enfermedad y vejez, la vivienda y el paro, entre otros asuntos. Hacia el final de su obispado su preocupación fundamental tendrá que ver con la ‘moralidad pública’ en cuanto a las fiestas populares y los bailes modernos, la vestimenta en las playas, el carnaval, el cine ...
Pildáin, ‘héroe intemporal’ como una figura de mármol, es en sí mismo un personaje de novela calificado por muchos de sus contemporáneos como obispo de los pobres y de los perseguidos. Respetado y temido —‘entraba con el tronío de una estatua de Luján Pérez el día de Corpus’— tenía una fijación casi paranoica con Galdós ‘cuya obra literaria’ – afirma terminante – es la menos canaria imaginable, y a la que Canarias nada debe, porque su autor jamás describe su tierra nativa, ni la cita jamás en ellas (monstruoso caso de excepción en la Historia de la Literatura Universal)’. La paradoja es que el obispo podría pasar perfectamente por un personaje galdosiano y así lo retrata Juan José Mendoza que combina perfectamente hechos históricos y ficción. Nos entrega una historia que, al ser contada por un testigo de excepción como Rafael Vera — secretario personal y discípulo del obispo—, garantiza la verosimilitud de lo contado y — algo que me parece un acierto— evita que el personaje quede en leyenda o mito al tiempo que la ficción novelesca —personajes, diálogos, sucesos, conspiraciones... — queda perfectamente integrada. Estamos ante una novela que se nutre de la historia para contar un episodio histórico como fue la dictadura de Franco y las consecuencias que esta tuvo para la población. Un episodio histórico, en el que no falta un finísimo humor, que recrea una época y un personaje, también en los aspectos íntimos, subjetivos y biográficos —intrahistoria lo llamaba Unamuno—. Para ello el novelista selecciona, ordena e interpreta los hechos históricos para dar testimonio literario sin olvidar a los personajes secundarios o anónimos de la historia con el fin de aportar credibilidad a la ficción. A orillas del Guiniguada (Mercurio editorial, 2021) es un artefacto – ‘hecho con arte’— narrativo que constituye todo un homenaje a don Benito Pérez Galdós ya que Mendoza ha escrito un episodio nacional no solo por los hechos históricos tratados, sino también porque contribuye a la memoria histórica y cultural tan necesaria para la memoria colectiva. Como bien sabía Galdós son los seres humanos los que construyen la historia y la sufren y esta novela de Mendoza es un itinerario por la geografía insular de la infamia y la miseria moral de un régimen y sus élites que someten a todo un pueblo.
A través de la mirada de Pildáin podremos visitar los campos de la represión franquista y entrar en la vida de las aparceras del sur, conocer la pobreza y la enorme desigualdad de los campos de Gran Canaria, escuchar a los presos en el campo de concentración de Gando, vivir los entresijos de la visita de Franco a Canarias, acompañar a Juan García el Corredera en su desgraciado final, asistir a la inauguración de la Casa Museo Pérez Galdós, saber de las perrerías y provocaciones de la Iglesia Cubana que no aceptaba el pecado de la carne ni el puritanismo. También sabremos de las conspiraciones de los afectos al régimen para perjudicar al obispo y respiraremos los olores del mítico bar Polo y su bohemia mientras escuchamos a Víctor Doreste, Néstor Álamo y Andrés el Ratón, entre otros acontecimientos que retratan al controvertido obispo y su época. La presencia de las mujeres en la trama narrativa desde el inicio constituye otro homenaje a Galdós a través de obras como Misericordia, Tormento, Electra y Realidad que inspiran y sustentan a personajes como doña Justa y Eugenia Beltrán a la vez que suponen hilos narrativos que nos conducen a conocer la complejidad humana en cuanto a sentimientos y pensamientos. Y todo ello gracias a una prosa realista y eficaz que no rehúye lo poético y nos recuerda que el olvido está hecho de memorias, que decía Benedetti. La novela recibió el accésit del Premio Internacional de Novela Benito Pérez Galdós.
































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