Ciclistas apasionados

Opinion

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Se transforman cuando cogen las bicicletas y salen juntos desde Gáldar con rumbo a, por ejemplo, Tejeda, desde donde tiran para Tirajana, Temisas, Agüimes, Ingenio y Telde, y luego giran hacia el centro de la isla hasta llegar a Teror y Arucas. De allí a Gáldar es como un suspiro para ellos.

Se paran con frecuencia en el camino a contemplar los paisajes: el Roque Nublo, el mar de nubes con el Teide flotando entre ellas, Ayacata, la Presa de las Niñas, Tamadaba…, imágenes seductoras y fascinantes que cautivan sus miradas.

Aman la naturaleza y lo transmiten cuando cuentan sus paseos por esos lugares tan preciosos y entrañables, de los que dicen maravillas y de los que han sacado un montón de fotografías.

Cientos de esas fotos me han sugerido historias y han ilustrado la mayoría de los relatos que me han publicado en este periódico, para el que tengo la suerte de escribir. Me las ha cedido mi gran colaborador, mi amigo Ignacio, que es uno de los que aparecen en la imagen que encabeza este relato.

Otro es Elicio, al que conocí en el Saulo Torón, compañero de trabajo al que siempre le echaba el brazo por encima, presumiendo de ser más alto. Nos reíamos mucho juntos, contando historias, chistes y anécdotas. Somos buenos amigos desde entonces.

Me falta mi amigo Fernando, al que casi todo el mundo llama Galván. Lo conocí como alumno en 1981 (allá cuando san Juan levantó el dedo), él estudiaba COU, y luego, entrado el nuevo siglo, fue mi director. Las vueltas que da la vida.

No es la primera vez que hablo de mis amigos ciclistas. Incluso, hace ya un tiempo, les escribí un poema jocoso que les gustó mucho. Entonces me propusieron que me comprara una bici y que me pusiera en forma para ir con ellos por ahí, de paseo. Despertando sus risas, les dije que no, mientras alegaba, jactancioso, que yo era un máquina y no quería dejarles en ridículo.

Mis amigos ciclistas sienten pasión por salir de viaje por la isla en bicicleta. Pedaleando, con la mirada en la carretera y en los parajes que visitan, se dejan atrapar por el embrujo que envuelve los valles, los barrancos, las montañas, el mar y el cielo.

Una vez les dediqué una frase que les encantó y que quiero repetir ahora para poner punto final a este relato: vuelan más que pedalean.

Texto e imagen: Quico Espino


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