“Aquella mañana de abril, en la terraza del Dulcito, el viento había desaparecido.
En el día primaveral, que se adivina precursor del verano, ultimamos los planes que nos regalarían otro instante en que la Pintura, la Música y la Literatura se unirían como los sonidos de una orquesta con la intención de crear una sola voz. Emprendimos la aventura tiempo atrás; luego vino el confinamiento y la pandemia: todo quedó suspendido en el aire. ¡Quién nos lo iba a decir! Parece ser que ahora estamos casi al final del recorrido, de un itinerario que nos ha escondido el rostro, nos ha hecho más miedosos y con el que nos asustamos si alguien, al cruzarse en nuestro camino, simplemente estornuda. Lo que antes era más que común parece que ha adquirido ahora una nueva dimensión en la que el miedo hace estragos. O empieza a hacerlo. Mientras tanto, La Esquina del Viento, aquella mañana de abril, se ha mostrado dulce, delicada, tranquila y lenta, como queriendo señalar que todo o casi todo muestra diferentes caras.
Y allí, en la terraza agradable y entrañable del Dulcito, comprendimos que debíamos seguir en la aventura creativa, más que nada por nuestra propia afirmación de confirmar una idea que regalar a los demás.
Y regresamos al principio: El Viaje Marino del Alisio regresaba a la vida.”





























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