Arucas en el recuerdo: la calle Acequia Alta

Opinion

segismundouriarte202102Denominada José Antonio en los años 50, La calle Acequia Alta era como una especie de barrio en el que se conocían todos los vecinos y en la que estaban establecidos distintos profesionales. Había dos latoneros, un herrero, un zapatero, dos carpinteros, dos mecánicos, cuatro tenderos, una costurera y un panadero. Vivían en ella algún abogado, un médico, administrativos, terratenientes, albañiles, comerciantes, jornaleros, taxista, etc. que conformaban una comunidad armoniosa y pacífica.

Estaba adoquinada, lo que le daba un encanto especial al tiempo que permitía amplificar las pisadas de la mula cargada de quesos que acompañaba al quesero que por allí pasaba periódicamente. Pocos vehículos transitaban por ella. Se utilizaba como “campo de batalla” una o dos veces al año para “guerrear” con otros niños de la cercana calle Cerera que venían armados con piedras y palos y eran recibidos por otro grupo de niños convenientemente “armados”. Lo mejor de todo esto es que nunca hubo heridos seguramente por la mala puntería de todos.

La calle era un lugar de múltiples actividades y juegos que, para cualquier niño, eran una parte importante en el transcurrir de sus vidas porque el juego constituye un elemento básico, puesto que, además de divertido, resulta necesario para el desarrollo integral y para el aprendizaje ya que jugando se aprende a conocer la vida.

Uno de los juegos más populares eran los partidos de fútbol con pelotas de trapo o tiras de plataneras. Unos partidos que hacían perder la paciencia a más de una vecina por la algarabía que se formaba. No pocos de esos jugadores lo hacían con los pies descalzos puesto que iban así habitualmente ya que no todos los niños de aquella calle disponían de zapatos. Ello les suponía tener en los pies las marcas de los tropezones que con frecuencia tenían. La posterior llegada de las pelotas de goma y los balones con tripa de cochino fue todo un símbolo de progreso. Las niñas, por su parte, utilizaban la calle mayormente para el juego de la comba.

En la calle, cada cierto tiempo se escuchaba: “¡el afilador!”, un grito unido al sonido del característico silbato que acompañaba a la persona que ofrecía sus servicios. Aquella breve secuencia melódica sonaba clara, diáfana y alegre en la flauta del afilador. La sencilla melodía recorría, primero ascendente, luego descendente, durante unos segundos todos los rincones de la calle imponiéndose a los sonidos habituales de la misma.

El afilador estaba ahí, con su boina o sombrero y a horcajadas sobre su maquinaria de trabajo consistente en una a rueda, girando, que hacía que el filo del cuchillo, de la tijera, la navaja, chisporroteara al contacto con la piedra humedecida. El afilador sólo tenía que hacer sonar su melodioso instrumento tres o cuatro veces para que las vecinas salieran a la calle con los instrumentos que necesitaban ser afilados y se apiñaban a su alrededor y formaban una animada tertulia mientras esperaban a que el afilador terminara su tarea.

La calle no tenía mucho tráfico de vehículos pero había un intenso tráfico de vida protagonizado por el ir y venir de las personas que allí vivían, por las que venían o iban caminando al barrio de Trasmontaña, por los jornaleros de la finca de la Marquesa y por la chiquillería que le daba colorido y sonoridad. Era una calle con todas sus casas terreras y donde todo el mundo se conocía. Una calle luminosa, alegre y entrañable. Hoy en esta calle ya no se oye el golpe del martillo en la zapatería poniendo una suela nueva a los zapatos ni el del latonero arreglando calderos, tampoco se perciben los olores a frutas que salían de las tiendas, no se oye el sonido del motor de los coches que se reparaban en el taller de mecánica como tampoco el de los tornos del taller de reparación de maquinaria. Se ha apagado el bullicio de la chiquillería y tampoco se oye la melodía del afilador ni el sonido de las herraduras de la mula golpeando los adoquines porque a esta calle la cubre ahora un manto de soledad y silencio.


Comentar esta noticia

Normas de participación

Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.

La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad

Normas de Participación

Política de privacidad

Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.4

Todavía no hay comentarios

Quizás también te interese...

Quizás también te interese...

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.