Esta temible caja belicosa
y no aquella que don Lope trovaba
de la mujer que los dientes lavaba;
lo que el grande contaba, era otra cosa.
Esta jaula, que prendes, es brillosa
como el candil cuando Aladín frotaba
y el genio presto deseo brindaba.
Es tan entrometida y mentirosa
que siendo por tonta tan conocida
y del hogar miembro más importante
todos callan cuando habla tan crecida
y respetan su monserga arrogante.
Entretanto brama, memez anida
en la razón de quien tiene delante.




























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