Agaete mi pasión: el juicio y quema de Judas en Agaete

José Ramón Santana Suárez Martes, 05 de Enero de 2021 Tiempo de lectura:

D. Tomas Martín (Tomasito), preparando el monigote de Judas, años sesenta del pasado siglo.D. Tomas Martín (Tomasito), preparando el monigote de Judas, años sesenta del pasado siglo.

Tras "la última cena" Judas vendió a Jesucristo por 30 monedas de plata. Después se quitó la vida ahorcándose y quedó para el recuerdo como el mayor pecador de la historia, el peor traidor imaginable por la tradición católica.

En muchos municipios de España y de Iberoamérica  no debieron estar conforme con la condena y cada domingo de resurrección le volvíamos  a juzgar y condenar.

Agaete fue uno de esos municipios donde la tradición perduró hasta finales de los años sesenta del pasado siglo, donde se perdió.

Era uno de los actos de la Semana Santa más esperados por la chiquillería, el Domingo de Resurrección, desde medio día acudíamos al solar de la antigua iglesia destruida por el incendio de 1874, actual centro parroquial, allí tenia el cura sus animales, recuerdo los gallineros. Los 

mayores con viejas ropas construían un "monigote" que rellenábamos de trapos y papel, siempre se le colocaba una larga lengua como se ve en la foto, sinónimo de ahorcado. A media tarde lo colocábamos sentado sobre una vieja escalera de madera que llevábamos los chiquillos al hombro a modo de camilla.

Lo paseábamos por todo el pueblo entre el griterío de todos, cantando aquello de:

Queremos pan, queremos vino, queremos a Judas, colgado de un pino, con un letrero que diga, colgado por asesino.
Que muera "papajua", que muera papajua,.....

Año 1963.Año 1963.

En una ocasión, con motivo de una hazaña deportiva de la U.D. Agaete, el monigote lo vistieron con la ropa del equipo, con copa incluida, haciendo de trofeo una de las jarras con que se adornan los tronos. El paseo terminaba en el frontis de la iglesia, donde se leía su testamento, normalmente redactado por Tomasito y se le hacía un simulacro de juicio, con juez, fiscal, testigos, incluida su viuda, un hombre disfrazado de mujer, un juicio cómico.  

El veredicto estaba cantado, muerte en la horca. El espectáculo terminaba con la quema en el mismo frontis del "machango", a modo como se hace hoy en día con la sardina en carnavales.

Esa tradición lamentablemente se perdió. A principios de los años noventa se intentó recuperar, pero se hizo en una ocasión, pero no se volvió a repetir.

Agaete

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José Ramón Santana Suárez

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