La (des) ilusión navideña

Zeneida Miranda Suárez Viernes, 18 de Diciembre de 2020 Tiempo de lectura:


“Ya llegó la Navidad, tiempo de... ¿felicidad? Es por todos conocido, llevamos doce meses hablando de lo mismo, que el covid -19 nos ha cambiado la vida. Y como no podía ser de otra forma, también nos cambiará las fiestas navideñas tal y como las conocemos.


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La nueva normalidad que llevamos viviendo desde que nos desconfinaron en mayo, trae consigo las normas que ya todos sabemos de sobra (aunque muchos se las pasen por el forro del gorro navideño y por eso sigamos luchando contra el bicho ese), por lo que, este año las casas no lucirán igual por navidad, sin importar cuantas luces pongas.

Intento no hacer un artículo demasiado personal pero, serán las fiestas, las luces, o el frío, que tiendo a que la orden que mi cebrero manda a mis dedos sea la de plasmar por escrito los recuerdos de otros años que él considera mejores.

La mía es una gran familia, grande en número y estamos muy unidos. Así que, cada 24 de diciembre, “el centro base”, la casa de papá y mamá, se llena con el calor de casi treinta personas en torno a una mesa. Este año todo será diferente.

Hace ya diez años que papá nos dejó y ya nos hemos adaptado a su asencia en navidades, aunque a mi siga sin gustarme, y este año queremos proteger a mamá y protegernos todos, así que, en casa solo seremos tres en torno a la mesa.

La nochebuena siempre ha sido mi noche preferida del año ¿saben? Me encanta sentarme en la mesa con mis sobrinas mayores a mi alrededor cada una hablando de sus cosas y yo tratando de poner atención a todas. Mientras que mis hermanos y cuñados charlan todos a vez. ¡Un auténtico y maravilloso escándalo! “Hazte una foto conmigo” “Y conmigo”. Los niños y adolescentes comen antes y de esa forma los “medianos” cuidan de los pequeños que, nerviosos, esperan a Papá Noél. ¿“Ha venido ya”? “Todavía, no, a las doce”.

Hasta que como por arte de magia aparece el saco de los regalos y uno de mis cuñados empieza a sacar paquetes y llamar a cada uno por su nombre mientras los demás aplaudimos, gritamos y hacemos fotos. “Venga, nuestra tradicional foto con carita triste porque Papá Noél no nos ha dejado nada”, le digo a mi sobrina mayor y las dos reímos, es nuestra pequeña tradición particular.

Y como todas las familias, cenamos la comida de mamá, brindamos, nos comemos las truchas, que previamente hemos hecho también en familia, el turrón, los mazapanes... y destrozamos el famoso villancico de las siete islas. ¡Esa es nuestra tradición favorita! 

Este año, todo será distinto y hasta hace un par de semanas me rompía la cabeza pensando en la forma de repartirlos a todos para poder tener, aunque sea, un poco de esas grandes fiestas. Hasta que la vida nos dio un bofetón de realidad y nos recordó lo verdaderamente importante: que sea, cuando sea, estemos todos.

Aprovecho para felicitar las fiestas a mi familia, mis amigos y todos los lectores de InfonorteDigital. Serán diferentes, pero como dice en el refran: “ya vendrán tiempos mejores” lo importante ahora es encontrar en cualquier cosa un resquicio de esperanza para que no nos invada la desilusión navideña.


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