I know not what tomorrow will bring
Bueno, lo digo desde ya para que nadie se lleve a engaño: en este reportaje sobre la Casa-Museo de Fernando Pessoa, no voy, ni quiero, ser objetiva. Lo sé, ¡vaya falta de profesionalidad!, pero me es imposible la objetividad: mi veneración por el poeta lusitano es absoluta, total, y la pasión por él me puede. Así que a él va dedicado el reportaje de ‘Las Casas-museos y sus moradores literarios. Un recorrido personal’ más personal y menos objetivo de los hasta ahora publicados (y me temo que de los siguientes que quedan por publicar).
No en vano incluí en mi primer poemario, ‘Inflexiones’, un párrafo de un poema del gran Fernando Pessoa (Lisboa, 1888-1935), tal vez, el que más le define a él y el que más nos define a cualquiera que aspire a poeta y a ser leído:
¿No es maravilloso? Eso es lo que tiene la poesía del creador de los heterónimos, una persona de vida tranquila y diría casi insulsa – se ganaba la vida como comercial- que se inventó un total de 72 heterónimos, es decir, personajes con un nombre ficticio que utilizaba para escribir y publicar. Sin embargo, del total de ellos fueron tres los más utilizados por el poeta, que utilizó incluso para mantener posturas contradictorias y enfrentadas sobre los más diversos asuntos: Alberto Caeiro, Álvaro de Campos y Ricardo Reis.
‘Para crear, me he destruido. Soy el escenario vacío por donde pasan varios actores representando varias piezas’ (Libro del desasosiego)
Pero vayamos por partes. Era el verano de 2016 cuando un día de sol radiante crucé la maravillosa puerta de un aún más maravilloso Monasterio de los Jerónimos en Belém, Lisboa, con el único fin de hallar el lugar donde reposan de los restos de mi admirado poeta. Allí bajo un monolito yace desde 1988 su cuerpo, ofreciéndole un lugar destacado, un reconocimiento más que merecido que, como suele pasar, no logró obtener en vida. En fin… En cada lado del monumento, una frase de sus tres heterónimos principales.
Fernando António Nogueira Pessoa nació el 13 de junio de 1888 en Lisboa, hijo de un funcionario público del Ministerio de Justicia y crítico musical del periódico Diario de Notícias, Joaquim de Seabra Pessoa, y de una joven de 26 años, Maria Magdalena Pinheiro Nogueira. Su padre falleció a los 43 años cuando él contaba con cinco años de edad, víctima de una tuberculosis, y su hermano pequeño, antes de cumplir el año de vida. Con estos antecedentes no me extraña que el poeta lusitano no quisiera formar una familia con la que fuera su gran (y parece que único) amor, Ofelia, y arrastrara toda su vida una existencia de lo más solitaria.
Por cierto que con Ofelia rompió por carta y la firmaba su heterónimo Álvaro de Campos, a quien Ofelia detestaba: “Detesto a ese Álvaro de Campos. Sólo quiero a Fernando Pessoa’, le dijo la chica en una ocasión al poeta. “No sé por qué – me respondía- mira que tú le gustas mucho”. ¿Juego romántico o desajuste mental?
La madre se casó en segundas nupcias con el cónsul de Portugal en Durban, el comandante João Miguel Rosa, por lo que la familia se trasladó a la República de Sudáfrica, entonces colonia británica. Allí el poeta recibió una educación británica que le permitió adentrarse en la literatura de autores como Shakespeare, Edgar Allan Poe, John Milton, Lord Byron, John Keats y Percy Shelley, algunos de los cuales ya son conocidos de nuestras visitas a sus Casas-museos respectivas.
Fue precisamente el conocimiento del idioma lo que le permitió escribir en inglés y traducir trabajos de escritores de habla inglesa, como El Cuervo y Annabel Lee del norteamericano Edgar Allan Poe. De hecho, con excepción de ‘Mensagem’ (1934), los únicos libros publicados en vida por Fernando Pessoa fueron las colecciones de poemas en inglés.
Pessoa regresó definitivamente a la capital portuguesa en 1905, donde comenzó a trabajar como corresponsal comercial, labor que ejerció durante toda su vida compaginándola con una profusa y extensa producción poética y un continuado trabajo como crítico literario y ensayista.
No puedo describir la emoción que sentí al presentar mis respetos al gran poeta lusitano, mucho más que la admiración – que fue mucha, se los puedo garantizar- que sentí al visitar su casa-museo. La instalación, ubicada en el barrio de Campo de Ourique, consta de un hermoso edificio de tres plantas, totalmente reformado, que hoy da cobijo al museo, pero que, en vida Pessoa, eran pequeños apartamentos en alquiler.
De hecho en la reconstrucción y reforma del inmueble se intentó respetar el espacio exacto donde estaba situado el apartamento que ocupara el poeta durante sus últimos quince años de vida, guardando allí con total cariño su cama, su maravillosa máquina de escribir (casi lloro de emoción al contemplarla), su mesilla de noche, varias de sus pertenencias personales como sus características gafas de cristales redondeados y su baúl, en el que se hallaron tras su fallecimiento más de 30.000 papeles inéditos, manuscritos de fragmentos de textos que se estudiaron, analizaron, ordenador y editaron para conformar el insuperable ‘Libro del desasosiego’, un libro que, les confieso, guardo como oro en paño muy cerca de mí, donde siempre pueda alcanzarlo y deleitarme en alguno de sus pensamientos, pequeñas píldoras de magia, de reflexiones filosóficas y de literatura nivel dios (que diría mi hijo). ¡No les digo más!
Y, por supuesto, lo que más me emocionó: el breve papel escrito a pluma que constituyó su última manifestación de vida: I know not what tomorrow will bring (No sé lo que traerá el mañana...). El desasosiego hasta el último aliento.
Pessoa había sido internado el día 29 de noviembre de 1935 en el Hospital con un cólico hepático que, según parece, se complicó por una cirrosis provocada por el consumo de alcohol. Falleció el día siguiente a los 47 años.
El recorrido por las tres plantas presenta la obra y vida del poeta a través de sus objetos personales, un interesante conjunto de pinturas y cuadros, una exposición sobre la intelectualidad de su época, así como una estupenda biblioteca especializada en la poesía de Pessoa y en poesía mundial y lo que me resultó más sorprendente: un centro de estudios e investigación sobre la obra de Pessoa. Hay que tener en cuenta que el fondo documental, que cuenta con los libros que pertenecieron al poeta, está catalogado como Tesoro Nacional. ¡Ahí es nada!
De Fernando Pessoa me quedo con todo pero muy especialmente su constante capacidad de duda ante la vida. ‘Vivir me parece un error metafísico de la materia, un descuido de la inacción’, escribió en uno de aquellos fragmentos que conforman su obra, para mí, maestra, el Libro del Desasosiego. Quizá la libertad, como a todos, le quedó muy lejos. O tal vez, la rozara cada vez que escribiera negro sobre blanco.
Fue Ricardo Reis quien escribió:
Precisamente, el premio Nobel de Literatura, el escritor portugués José Saramago, escribió en 1984 el libro ‘El año de la muerte de Ricardo Reis’, en el narra el último año de vida del heterónimo de Pessoa y lo hace reencontrarse con él.
Por nuestra parte, decimos adiós a Pessoa, para reencontrarnos con José Saramago en la próxima entrega de ‘Las Casas-museos y sus moradores literarios. Un recorrido personal’. Les espero.
Más información sobre la casa-museo en este enlace
Fotos de Josefa Molina.


































Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.152