Un paseo por Londres de la mano de Silvia Plath y otros escritores

Josefa Molina Lunes, 23 de Noviembre de 2020 Tiempo de lectura:

foto 1londresAunque el título de esta entregas de ‘Las Casas-Museos y sus moradores literarios. Un recorrido personal’ no se corresponde exactamente con lo que podrán leer en las siguientes líneas, permítanme en esta ocasión la licencia porque creo que, al fin y al cabo, reseñar mi recorrido personal por las calles de Londres y sus numerosas placas conmemorativas convierten a la ciudad británica en un especie de gran museo al aire libre.

Y es que Londres tienen la maravillosa normativa de instalar una placa sobre la fachada de cada edificio que haya albergado en su interior a un personaje ilustre, tanto de la literatura, que es lo que aquí nos interesa, como de las ciencias, de la política, de la economía, de la investigación, de la historia o de la filosofía. Una fantástica iniciativa que no tengo más que aplaudir.

La instalación de estas placas conmemorativas se inició en 1866 por un proyecto del área de patrimonio histórico inglés, siendo la primera placa colocada en el exterior de un inmueble la ubicada en el número 24 de Holles Street de Cavendish Square, un placa puesta en exterior del edificio donde nació el poeta Lord Byron, ya conocido por los lectores de estos reportajes sobre Casas-museos. El edificio fue demolido en 1889 por lo que, según parece, la placa azul más antigua que existe hoy en día es la de Napoleón III en Saint James, colocada en el año 1867.

En la actualidad, cerca de un millar de estas placas adornan las fachadas de los edificios londinenses, en una invitación a propios y ajenos de la ciudad a descubrir qué ilustres personajes residieron, vivieron, nacieron o murieron en cada calle, en cada esquina o en cada plazoleta. Yo no sé a ustedes, pero a mí eso me fascina, porque, tal y como afirmé en la presentación de estos reportajes, el pueblo que reconoce a los suyos, se engrandece como tal. Y de eso el pueblo londinense anda bien servido.

Pero comencemos este singular recorrido con la inmensa poeta Silvia Plath (1932-1963), quien, aunque de origen estadounidense, vivió y falleció en la ciudad británica. Para llegar hasta el número 25 de Fitzroy road, en Primrose Hill, hay que cruzar Regent’s Park a cuyo extremo está ubicado el 221B de Baker Street. No sé si lo saben, pero allí ‘residió’ un famoso detective. ¿Se imaginan cuál?

Un tibio sol me acogió la mañana que emprendí el viaje en metro para trasladarme hasta la casa donde residió sus últimos días la poeta de Boston. Me apeé en Baker Street y me dispuse a cruzar el enorme parque (alberga un zoo en su interior, no les digo más) en dirección a Fitzroy road. La expectación me embargaba, deseosa como estaba por llegar hasta la puerta de la casa donde Plath decidió un triste día de febrero de 1963 encerrarse en la cocina dejando el gas del horno encendido con su cabeza dentro.

Y allí estaba la casa, la misma que albergó mucho antes que a Plath, al poeta irlandés, William Butler Yeats (parece ser que fue ese el motivo por el cual Plath eligió esta vivienda). La placa azul que luce en el exterior del inmueble recuerda que allí vivió Yeats sin hacer ninguna referencia a Plath (mal, muy mal). Quiero pensar que el motivo se debe a que Plath no era británica de nacimiento. Lo desconozco, la verdad. Ahora eso sí, mi peregrinaje hasta el edificio no fue por Yeats, con todos mis respetos para el autor de El peregrinaje de Oisin (1889), alumno de William Blake y premio Nobel de Literatura en 1923, sino para su otra moradora. Ella no estará reconocida en la placa, como tampoco lo estuvo durante muchos años en los círculos poéticos y literarios universales, pero su obra se sitúa en mi biblioteca personal como uno de mis mayores tesoros y, desde luego, constituye para mí, una de mis madres poéticas. Por eso, inicio este recorrido con ella y por eso fui hasta su última morada porque, aunque no esté en las famosas placas de los ilustres ciudadanos británicos, para mí constituye una de las grandes de la poesía. Y eso, no hay placa que lo refleje.

2y2bis

Después de presentar mis respetos a la autora de ‘Daddy’, hice el camino en sentido inverso para conocer el 221B de Baker Street, donde Sir Arthur Conan Doyle (1859-1930) situó la vivienda de uno de los detectives más famosos de la historia de la Literatura, el inigualable Sherlock Holmes. Sí, vale, no me he vuelto loca: sé que se trata de un personaje de ficción pero no por eso deja de ser famoso. De hecho, cuando Conan Doyle situó la residencia del avispado detective inglés en Baker Street, la calle acababa en el número 85. En 1930 la vía se amplió y el número 221 fue asignado a una entidad bancaria adonde, por cierto, llegaban cientos de cartas al mes pidiendo consejo e intervención policial del emblemático detective, tanto que al final, en 1990, se inauguró un museo dedicado Holmes y a su inseparable acompañante el doctor Watson. Elemental, querido lector.

FOTO 31londresAy, ¿qué quieren que les diga?, pero me encanta cuando la ficción supera a la realidad porque de realidad, me temo, ya vamos todos muy servidos. Y si no que se lo digan a George Orwell. ¿Quién iba a pensar que viviríamos un mundo tan, tan pero tan parecido al que él creó en su obra más emblemática, ‘1984’? ¡Pero si existe hasta una propuesta para crear un Ministerio de la Verdad! ¿No es para planteárselo?

Recuerdo que era una día de lluvia, de esas livianas pero persistentes que te terminan empapando, cuando me acerqué al número de 22 de Portobello road. Había salido de casa sin paraguas y tuve que pagar la ingenua imprudencia (¡amiga, estás en Londres!) parándome en una de las tantas tiendecillas que dotan a Portobello de ese aire caribeño tan singular, para comprar un paraguas con el que mitigar el agua que poco a poco iba colándose a través de mi chaqueta.

3y4londres

Justo cuando se despejaba el cielo, me encontré frente a la típica casa londinense de dos plantas, muy bien pintada y perfectamente cuidada. En ella vivió el novelista y periodista George Orwell (1903-1950). Sé que puede parecer una tontería, pero me emocioné al ver el exterior de la vivienda en la que un día residió el autor de ‘1984’ (1949). ¿Cómo no emocionarse? La ficción distópica me flipa, no lo voy a negar. Aunque reconozco que me puede llegar a provocar pavor, mucho pavor. Y ya ustedes, imagino, intuyen el porqué.

FOTO 5londres

Estoy casi segura que uno de los remedios más inteligentes para mitigar los efectos de ese pavor, sea la lectura. Y si hay un espacio dedicado a la lectura y a los libros en la city londinense ese es la British Library. Oh, ¡qué maravilla de lugar! ¡Qué de tesoros guarda en su interior! Impresionante. Y es que la biblioteca nacional del Reino Unido cuenta, por señalar un datito de nada, con unos 150 millones de publicaciones y a los que de forma anual se le incorporan otros tres millones de objetos nuevos entre libros, periódicos, partituras, patentes, manuscritos, mapas… Nada, una cosa pequeña.

FOTO 6londr4esDe hecho, la visita respondía a mi interés por conocer la exposición permanente de parte de esos fondos. En un espacio reservado, en el que estaba terminantemente prohibido sacar una foto y con dos vigilantes de seguridad acechando cualquier movimiento extraño, ante mis asombrados ojos se extendían varias vitrinas con objetos a cada cual más maravilloso: allí estaban varios cuadernos manuscritos de Leonardo Da Vinci, partituras tachadas de Händel, manuscritos de James Joyce y de Jane Austen (Oh, my god) y, por favor, varias de las canciones del mítico grupo de Liverpool, The Beatles, manuscritas en la parte posterior de un sobre de correo o en servilletas. ¡No me lo podía creer! ¡Pero si casi lloro al verlo! Lo siento, me puede la beatlemanía.

Ah, por cierto, también se encontraba en la British Library, perfectamente resguardada en sus respectivas vitrinas de cristal aislante, la famosa máquina de Turing, diseñada por el matemático inglés Alan Turing y un long-play con la voz del escritor irlandés James Joyce narrando fragmentos de su novela ‘Ulises’ (1922). ¿No son todos ellos auténticas maravillas? La cueva de Alí-Babá se queda corta al lado de la British Library.

Y si de tesoros hablamos, ¿qué no decir del Museo Británico? Claro que no es sede literaria pero entre sus muchísimos tesoros, se encuentra la flamante piedra Rosetta que, al fin y al cabo, constituye uno de los vestigios más antiguos conocidos de escritura. Ay, cómo me gustó verla. Tan extraordinaria, tan indescifrable durante tanto tiempo, casi tanto como la chispa que genera la creación literaria de calidad (ja, ahí lo dejo).

7y8londresMuy cerquita del museo, se encuentra el lugar de encuentro del que fue uno de los grupos literarios e intelectuales más significativos de comienzos del siglo XX: el Círculo de Bloomsbury. En el número 46 de Gordon Square se encontraba la vivienda de las hermanas Stephen, Vanessa y Virginia, en cuyo salón se fraguó el germen de la citada asociación de artistas, escritores e intelectuales. De él formaron parte, además de la inconmensurable Virginia Woolf (1882-1941), autora de uno de los ensayos más determinantes de la literatura feminista y del feminismo, ‘Una habitación propia’ (1929), intelectuales de la talla del matemático John Maynard Keynes Bertrand Russell o Ludwig Wittgenstein.

9y10londres

De vuelta a las calles, cómo olvidar al creador del entrañable niño que no quería crecer, ‘Peter Pan’, Sir James Matthew Barrei (1860-1937) y a mi querida Agatha Mary Clarissa Miller (1890-1976), más conocida por Agatha Christie, quien, por cierto, visitó allá por los años 30 del siglo pasado las islas de Tenerife (donde se celebra un Festival literario Internacional en su honor) y de Gran Canaria junto a su hija y a su secretaria personal. En la isla de Gran Canaria se alojó en el hotel Metropole de Las Palmas de Gran Canaria y visitó el municipio de Agaete, donde situó el relato ‘La señorita de compañía’, incluido en su libro de relatos ‘Miss Marple y los trece problemas’ (1933).

11y12londres

Y por supuesto, tengo que mencionar al gran novelista, el mítico autor de ‘El hombre invisible’ (1897) y ‘Las guerras de los mundos’ (1898), H.G. Wells (1866-1946) o al autor Arnold Bennet.

13y14londresSí, sí, lo sé: me faltan muchísimos de las autoras y los autores importantes de Londres que cuentan con placas en el exterior de sus edificios. Para hacer una reseña más amplia tendría que realizar un estudio a modo ensayo que no es el objetivo de estos reportajes. Y, desde luego, no es mi intención abarcarlos a todas y todos, más quisiera.

Aunque sí les adelanto que me quedan dos de los autores británicos más internacionales: el afamado Charles Dickens y el eterno William Shakespeare. A ellos dedicaré las próximas dos entregas de ‘Las Casas-museos y sus moradores literarios. Un recorrido personal’. Si me permiten un consejo: no se las pierdan.

Fotos de Josefa Molina.


Comentar esta noticia

Normas de participación

Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.

La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad

Normas de Participación

Política de privacidad

Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.152

Todavía no hay comentarios

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.