La "nueva normalidad". Una sociedad más enclaustrada y más individualista

Opinion

josejuansosarodriguezHemos escondido tu sonrisa, pero no tu mirada, que nos sigue contagiando con tu alegría.
A mi nieto Álvaro.

Hace pocas semanas comenzó el nuevo curso escolar. Un nuevo y atípico curso, cargado de dudas, de miedos...

Así, con el inicio del nuevo curso, también he retomado la tarea de acompañar a mi nieto Álvaro al colegio. Otra vez, este año, al pasar junto al busto de Juan Ramón Jiménez, que escolta la puerta del teatro que, en la ciudad de Telde, lleva su nombre, su misma pregunta: ¿Abuelo por qué no habla? Y también mi misma respuesta: Porque es de piedra.

Pero este año la escena es diferente, porque mientras que el hombre que no habla no tiene obligación de usar mascarilla, mi nieto y yo sí debemos usarla. Tampoco el hombre que no habla ha sido confinado, ni obligado a mantener la distancia interpersonal, ni sometido a la presión psicológica del aislamiento social, entretanto que mi nieto y yo sí.

Pero todo esto al hombre que no habla le da igual. Él sigue impertérrito, sin inmutarse ante la insistente pregunta de mi nieto, sin importarle las consecuencias sanitarias, económicas o sociales de esta epidemia. Y todo porque el hombre que no habla ni piensa ni se emociona.

Los pensamientos irracionales, o no, sobre la pandemia y la presión de emociones negativas mantenidas en el tiempo, como el miedo, la tristeza el sentimiento de soledad o de indefensión, por no saber cómo actuar ante el virus cuando la información que recibimos es confusa y, a veces, contradictoria, no solo están deteriorando nuestra salud, también están cambiando muchas conductas que, hasta ahora, habían fortalecido nuestra vocación social para sustituirlas por otras que nos inducen estilos de conductas más individualistas, más centradas en el yo y menos en el nosotros.

Nuevos conceptos como el de grupo burbuja o grupo de convivencia estable en el ambiente educativo, el de teleasistencia en el ámbito sanitario, el de teletrabajo en el laboral, e incluso las nuevas formas ´Online´ de relaciones interpersonales, de ocio o de compras son ejemplos de unos nuevos patrones de conductas que amenazan con acabar con el concepto aristotélico del hombre como ser social por naturaleza, como mecanismo que le facilita la supervivencia, para convertirlo en el hombre como ser individual, que busca en las ciencias una tabla de salvación que le permita seguir manteniéndose a flote en el mar proceloso de la evolución, aunque ello le exija renunciar a una parte su condición social, que lo caracteriza como ser humano, para convertirse en otra cosa que las generaciones venideras tendrán que definir y adaptarse.

José Juan Sosa Rodríguez es Psicólogo General Sanitario.


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