De charla con… José Miguel Perera (I)

Juan FERRERA GIL Jueves, 08 de Octubre de 2020 Tiempo de lectura:


La charla que hemos mantenido con José Miguel Perera, Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, en la distancia, como siempre, ha servido, entre otras cosas, para aprender y para que las palabras surgidas en las respuestas encuentren el acomodo adecuado. Queremos decir que son tantas y expresadas con tan buen criterio que hemos dividido la entrevista en tres partes, sobre todo, para que los lectores digieran con lentitud y pachorra isleña lo que José Miguel Perera nos quiere decir, que es variado, bueno e interesante. Y requiere su tiempo. Y, como su deseo, y el nuestro, es la claridad, presentamos esta primera parte dedicada a distintos aspectos relacionados con la Literatura Canaria.


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PREGUNTA: ¿Existe una Literatura Canaria? ¿Qué nos diferencia de otras?

RESPUESTA: Sí, claro, cómo no va existir un tipo de literatura con singulares diferencias en Canarias... Es lógico que así sea porque el colectivo canario presenta una serie de perfiles singulares como grupo humano, lo que llamamos identidad (que es siempre cambiante, siempre en proceso, sin esencialismos ni bloques unitarios sin fisuras). En este sentido, la literatura es, lógicamente, hija de unas particularidades personales; sin embargo, lo personal no está aislado de muchas otras circunstancias no personales (por ejemplo, culturales y sociopolíticas…). Todas ellas, que influyen en nosotros, habría que entenderlas desde diferentes círculos concéntricos interrelacionados: circunstancias personales, familiares, municipales, comarcales, insulares, archipielágicas, estatales... (crecer en una familia o un pueblo estructuralmente empobrecidos, por poner una concreción específica, puede modelar la forma íntima de ser en los procesos de vida).

Sí, claro, cómo no va existir un tipo de literatura con singulares diferencias en Canarias...

Y en esa confluencia de lo personal y lo histórico, sociopolítico… dentro de nuestras circunstancias comunes pasadas y presentes, el círculo que llamaba archipielágico me parece fundamental para concebirnos como personas, como colectivo humano: para traducir convenientemente cómo hemos sido, cómo estamos siendo y cómo podemos y queremos llegar a ser... Si pensamos –pongamos por caso– en los últimos tiempos, a propósito del coronavirus o de las personas en circunstancias lamentables que llegan a Canarias, en el muelle de Arguineguín; si pensamos en los índices pobreza o de paro general y juvenil en estas Islas, o en el sistema educativo isleño, en la gestión del territorio o en los datos de violencia de género, en la economía turística y en el sector servicios, en la agricultura... es imprescindible tener en cuenta las circunstancias diferenciales en las que convivimos y hemos convivido (políticas, económicas, geográficas, laborales, sanitarias, culturales, religiosas, sexuales...) para poder hacer un análisis con dos dedos de frente y poder actuar e interpretar estos hechos de la manera más adecuada.

¿Y qué tiene que ver todo esto con la literatura? Pues la literatura la hacen las personas, y muchas personas como nosotros han existido, existen y existirán –suponemos– desde estas circunstancias que decíamos, con todos los matices y posibilidades que se quieran, porque los hay, la casuística es compleja y múltiple, nunca tampoco monolítica ni uniformada (por ejemplo: extranjeros que hacen su vida en Canarias, o que están de paso; canarios que emigran, o hijos de canarios emigrantes que han vivido con las Islas en las conversaciones familiares...). ¿Cómo no va a existir, visto así, una literatura canaria? ¿Aquella que de una u otra forma es la expresión de la vida que, desde esa marca secular de nombre Canarias, han hecho muchas personas, según su sentido y su estilo de existir y escribir? Unas veces esa marca es más explícita o consciente; otras no tanto. Pero, sea como sea, y de forma general, está ahí más o menos latente, dependiendo del caso. En determinadas épocas y autores los modos de hacer literatura desde nuestras circunstancias tienen rasgos claramente diferenciados de otras individualidades y coordenadas culturales, y en otros momentos no tanto (entrar en cada uno de ellos sería interminable). Y en todo esto es clave la lengua con la que nos expresamos, el español hablado y escrito, concretamente desde Canarias, pues formaliza enormemente nuestra realidad y nos hace compartir mucho con todas las otras zonas culturales hispánicas.

P: Entonces, ¿cuál es la importancia de la lengua que hablamos en el hecho literario canario?

R: Como decíamos, el mundo que la literatura transmite es el resultado del uso particular y original que hacen las escritoras y los escritores de esa lengua, que al unísono transmite y crea mundo; y ese llamativo jeito estilístico se conforma y vehicula a partir de las diversas circunstancias explicadas más arriba. Y si cada personalidad es un universo entremezclado con la realidad, y a pesar de las nuevas tecnologías, la canaria no es la misma que la colombiana o la mexicana, no es la misma realidad que la gallega ni que la andaluza... aunque compartamos la misma lengua, ciertas similitudes históricas y algunos otros elementos, como usuarios del español y como personas que todos somos. Ese conglomerado de factores humanos comunes modela, junto a la personalidad de cada cual –insisto–, los modos diversos de hacer literatura desde Canarias (que no es solo –como hemos explicado– paisaje y clima, eslogan turístico y situación geográfica, que suele ser lo más evidente), tal y como lo han hecho Bartolomé Cairasco de Figueroa, Antonio de Viana, Cristóbal del Hoyo, Graciliano Afonso, Isabel Poggi, La Perejila, Alonso Quesada, El Salinero, Pino Ojeda o Manuel González Sosa; por nombrar a algunos autores de diferentes épocas y perfiles.

el mundo que la literatura transmite es el resultado del uso particular y original que hacen las escritoras y los escritores de esa lengua, que al unísono transmite y crea mundo

Ante este tema es necesario –desde mi punto de vista y por lo enquistadas que están nuestras mentes en concepciones educativas seculares– una determinada didáctica; y si bien es cierto que mi respuesta es algo larga, también lo es que el asunto necesita de muchos otros matices, pues es confundido con mucha frecuencia. Por eso quiero terminar con una aclaración más a tu primer interrogante: la mentalidad clasificatoria tradicional de ciertos manuales de literatura y de cierta sicología social, así como un excesivo facilismo docente, esperan que se les dé una lista de características definitorias cerradas a las que agarrarse para decir "esto es lo nuestro" de siempre y por siempre (hay hasta quien las necesita para crear, lo que indica que se está muy perdido). Pero no, nada tiene que ver con eso el planteamiento que hago, en absoluto, si se ha entendido lo que se ha dicho previamente. Para empezar, en cada época los caracteres más o menos definitorios de esta literatura son diferentes (no es lo mismo lo escrito en el XVIII que a comienzos o a finales del XX); y si bien hay motivos o formas reiteradas en el tiempo, eso no quiere decir que nuestra literatura esté determinada por una genética o esencia inamovibles; y hasta los asuntos reiterados son afrontados en distintos modos. Las propuestas literarias desde Canarias han sido, son y serán múltiples y diversas, a pesar de que las enlacen en gran medida aquellas circunstancias inspiradoras, que también son cambiables; amén de que una obra de la literatura canaria, aunque sea nombrada así, no deja de ser parte de otros círculos circunstanciales posibles, mayores o menos, como pudieran ser la literatura hispánica, europea, española, lanzaroteña, aruquense u orotavense. No hay contradicción en nada de ello, y quien la quiera ver que se pregunte por qué.

Esta complejidad se ha resuelto tradicionalmente, al menos desde el XIX, con argumentos estatales de política oficial simplona, aplicando el calificativo correspondiente de cada país (literatura ecuatoriana, literatura sudafricana, literatura española, literatura china...), y sanseacabó. Pero, tal y como he dejado ver, no parece que la vida literaria (y tantos otros aspectos humanos) sea tan simple y reducida como para sostenerla solamente en una clasificación vaga y empobrecida inspirada en las fronteras legales y unificantes de los países, igualmente relativas a los avatares políticos, cambiantes y cambiables –por cierto– históricamente.

P: ¿Escribir en Canarias es llorar?

R: Para mí no, en absoluto. Todo lo contrario: más bien es un privilegio, sobre todo si pensamos y aceptamos nuestra condición de vida, o sea, si hemos elegido trabajar, respirar y realizarnos críticamente como humanos desde aquí. Si nuestra existencia personal-colectiva vive disconforme, siempre en temblique negativo, solo observando lo malo que nos rodea y además sin pretender hacer nada por solucionarlo; y si creemos que los canarios y las canarias tenemos una tara por haber nacido y crecido aquí, y que todo lo que hacemos es risible y bochornoso (como hay quien piensa, muchos de manera automática e inconsciente, por inercia histórica ambiental), pues claro que vivir y existir en Canarias, así como escribir, es matraquillosamente llorar. Lo mismo les pasaría a esas mismas personas si convivieran en otro contexto: o sea, que el llanto va con ellos…

en infinidad de momentos se ha ignorado y se ignora lo que aquí se escribe

Otra cosa diferente es que las canarias, con toda la razón del mundo, nos sintamos tantas veces ignoradas, inentendidas –puede que en ocasiones hasta despreciadas– dentro del marco político y convivencial al que pertenecemos históricamente, que es España y Europa. Lo mismo que en la literatura: en infinidad de momentos se ha ignorado y se ignora lo que aquí se escribe; y si ya los manuales, estudios y libros de textos literarios hechos desde la Península, así como los suplementos y revistas culturales, son tantas veces parciales y reduccionistas en sus enfoques, no digamos cuando parecen dar a entender que no tienen el más mínimo conocimiento sobre –al menos– las obras más importantes de los autores insulares. Creo que en ese caso no hay nada de victimismo, el llanto tiene una razón de ser, y expresarlo su sentido y –si quieres– su obligación. Pero no me parece a mí una posición muy enriquecedora crear desde la llantina. Más afín me es hacerlo desde una posición –digamos– crítica.

El próximo viernes, 16 de octubre, la segunda parte. No se la pierdan. Y desde Infonortedigital agradecemos la valiosa colaboración de José Miguel Perera

(Foto: Kahora Ramos Rivero)

 

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