Las aves abanican los espacios
Y el salitre marino
escuece en la herida.
Somos el mar
que viene y va,
la orilla de los barcos
después de una larga
travesía,
la pupila de los ojos
cuando llueve
y la luna labradora
de huertos;
un sintagma nominal
de pies desnudos
y estrellas fugaces
que parpadean
en la jarra de cerveza.
Somos la conversación
que se interrumpe
a destiempo,
el humo del cigarrillo
que se esfuma,
las matemáticas
que no cuadraban
en la órbita,
y el viento
que se lleva
a los amigos.
Árboles se alzan
verticales
flores silvestres y amapolas.
Somos naturaleza viva
en medio de la selva,
o tal vez la selva
en medio de esta naturaleza.
Del libro"Florece la primavera en las ventanas". Isa Guerra (Santa María de Guía)





























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