Aquel día
El día en que Antonio no llegó a Agaete con su moto, donde lo esperábamos para almorzar, después de haber cantado al Patrono Santiago, en Gáldar, la Polka del Fielato (una mujer muy formal, compró un conejo barato y al pasar por el fielato lo escondió en el delantal!!...), fue porque dio con sus huesos (y nunca mejor dicho) en el antiguo Hospital del Pino, donde los médicos le colocaron un hierro desde la cadera hasta la rodilla derecha y que ya no se quitaría en los siguientes veinticinco años.
En aquellos jóvenes años, alegres y despreocupados del todo, éramos la esencia viva de la juventud. Y, ahora, al mirarnos en el espejo, donde todos los días nos decimos adiós, como mantiene Ramón Gómez de la Serna, seguimos sintiendo esa fuerza juvenil en nuestro interior. En aquellos jóvenes años, alegres y despreocupados del todo, éramos la esencia viva de la juventud.Sí, ya sé que un poco matizada, pero no me negarán ustedes que en el fondo todos nos sentimos jóvenes, aunque caminemos lentamente, aunque tardemos más en hacer las cosas, aunque apenas salgamos por las noches y ya ni siquiera vayamos al cine.
Esto de la existencia realmente es un misterio. Cuando murió el cantante Carlos Cano, un amigo suyo dijo que había mejorado al final para añadir después: “sí, es la mejoría de la muerte”. Y algo debe haber porque cuando más débiles nos sentimos, parece surgir una fuerza interna, “una eterna juventud”, que nos hace creer que de ésta saldremos adelante. Y mi tío Evaristo, zapatero él en El Puerto, en un tiempo que yo apenas percibí, en sus momentos finales sentía la ilusión más fuerte por regresar a su pequeño taller, donde plasmaría, con su maestría habitual de artesano auténtico, nuevas ideas en aquellas chanclas de verano que diseñaba, antes de que la expresión se pusiera de moda, con verdadero y sincero cariño y vendía luego a los primeros turistas en el Catalina Park.
Pero la vida es la vida y el destino tiene su inexorable recorrido.
Bueno, yo solo quería contar una anécdota de nuestros años mozos y me he ido por otro camino.
Debe ser la melancolía de estos días grises y, a ratos, azules.






























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