“Las columnas del pequeño Claustro se desplazaban diariamente.
En los días azules y luminosos, y tranquilos de la primavera inusual, caminaban con la pachorra habitual que da el tiempo, donde la lentitud se proyecta en el viejo y destartalado suelo que ahora, en estos nuevos tiempos de idas y venidas, era hollado principalmente por turistas que todo lo miran y fotografían. Bueno, algunos no miran: solo toman imágenes con el deseo de disfrutarlas después sin percatarse de que lo primero es observar, escudriñar, disfrutar. Por eso muchos ni siquiera se han dado cuenta del poder de las sombras en la mañana soleada de mayo. Y si no miren la imagen.
Dice mucho más de lo que muestra.”





























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