XVII Escritos a Padrón o cómo reinventar los museos

Opinion

landinEstamos viviendo tiempos distópicos o, si se prefiere, nos estamos acercando peligrosamente a la distopía. Son tiempos de incertidumbres y de miedos porque no es posible planificar el futuro con cierto orden. Lo constatamos en todos los ámbitos, incluido el cultural. Recientemente el director de la Casa Museo Antonio Padrón, César Ubierna, manifestaba que ante las restricciones causadas por la COVID-19 la institución museística tiene que cambiar pues por de pronto tienen que convivir dos modelos con gestión diferenciada: >. En la misma línea, Guillermo Perdomo, director de la Casa Museo Tomás Morales, se planteaba la necesidad de llevar el museo fuera de su espacio físico y salir al encuentro de la ciudadanía. Los dos directores coinciden en que adaptarse a estos tiempos convulsos exige un mayor desarrollo tecnológico que se sirva del conocimiento y la investigación para producir materiales y dispositivos que conecten con nuevos públicos. Lo que necesariamente implica nuevos modelos organizativos. Y las Casas Museos se están esforzando. Lo acabamos de ver en la última edición de Escritos a Padrón que cumple diecisiete años. Una actividad impulsada por César Ubierna que en todos estos años ha abierto las puertas del museo a escritores, investigadores y docentes como una forma más de difundir la obra y la vida del pintor. Recordamos que el artista siempre mantuvo una colaboración cercana con los escritores y participó en revistas como Mujeres en la isla, Planas de Poesía o Fablas, entre otras. La pretensión de Ubierna siempre ha sido dejar constancia de esa proximidad del artista con la literatura, al tiempo que supone un homenaje a su figura, >.

Ciertamente, los teatros y museos están sufriendo limitaciones en la acogida de público con todas las consecuencias que ello conlleva en lo económico: restricciones en la circulación de espectáculos, ausencia de actividades pedagógicas y el consiguiente peligro de muchos puestos de trabajo. Parece evidente que todas las instituciones culturales, y en particular los museos, tienen que reinventarse y redefinir los vínculos con la sociedad. Estamos ante un cambio de paradigma ya que todos los espacios culturales tendrán que reexaminar sus fuentes de ingresos. Así lo cree la directora del Museo de Arte de Queens de Nueva York, Sally Tallant, que opina que los grandes museos dependientes del turismo tendrán que cambiar su modelo de funcionamiento. Solo los museos pequeños estarán en una situación más ventajosa ya que son >. Pero todos tendrán que reflexionar sobre un modelo de museo integrador que sitúe a artistas, educadores y ciudadanos en el núcleo de sus actividades. De hecho ya lo vienen haciendo pero ahora, en tiempos de pandemia, toca llenar los museos de vida y abrirlos al mundo de la realidad global que ofrecen las Tecnologías de la Información y la Comunicación.

El Consejo Internacional de Museos (ICOM), organismo mundial asociado a la UNESCO, define los museos como >. Salvaguardan la memoria para las generaciones futuras y garantizan la igualdad de derechos y la igualdad de acceso al patrimonio. Además de custodiar, preservar una colección, fomentar la investigación y exponer el patrimonio, la UNESCO le adjudica la responsabilidad de >. Casi nada. Lo cierto es que los museos son mucho más que espacios donde se exponen y conservan objetos. Todo lo dicho es de especial relevancia para los museos de las pequeñas ciudades ya que estos establecimientos actúan como instituciones de cohesión social y cultural además de contribuir a la economía local.

Acercarse a Gáldar, la antigua Agáldar, es toda una experiencia placentera pues no deja de ser un paseo por la identidad ya que el visitante toma conciencia de estar en un lugar distinto a los demás y de pertenecer a una colectividad que es única. Nos lo recuerdan sus calles y sus monumentos. Nos lo hace sentir la obra de Antonio Padrón, todo un símbolo de una cultura ancestral que nos sigue admirando por la belleza y el misterio, con la que es posible identificarse. Por sus cuadros asoman pescadores, alfareras, trilladores, turroneras, camelleros y los olores, colores y sabores de la tierra... También los ídolos de los antiguos canarios que reviven en las cabezas romboidales de las mujeres. Para el profesor Oswaldo Guerra estas pinturas están pobladas de seres que nos dicen desgarradamente de dónde venimos, quiénes fuimos y cómo éramos. Esos personajes no son seres para contemplar, estáticos; >. La Casa Museo siempre está abierta a una bienvenida, >, que diría Lola de la Fe del amigo. Aunque la celebración del centenario del nacimiento del artista se ha visto alterada a consecuencia de la pandemia, nunca Antonio Padrón ha estado tan vivo y tan reconocido. Ni la enfermedad ni los presagios agoreros impedirán que la belleza, la ciencia y la tecnología triunfen sobre el escepticismo y los miedos.


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