Los biciclistas
Se les ve risueños y relajados. En las miradas de los dos que no tienen gafas y en la sonrisa de los cuatro se refleja que han disfrutado de lo lindo a lo largo del trayecto que se habían trazado, que ya va camino de la recta final.
Han hecho una parada en El Risco, no porque estén cansados, que se nota que no lo están, sino para tomarse un cortado o un refresco, y uno de ellos, casi eufórico, dijo que tenía subida en un altar imaginario a la bicicleta.
Los demás aplaudieron la ocurrencia y encomiaron luego las fotos en las que la bici es la protagonista del viaje en el que se han embarcado.
En una aparece frente al Montañón Negro, el magnífico cono volcánico situado entre Moya y Gáldar. Bañado por el sol, su cima parece que luce una frondosa melena de pinos:
En otra se encuentra ante el Bentaiga imponente elevándose al cielo y, detrás, la cordillera de Inagua y Pajonales, donde se halla uno de los parques naturales más agrestes de la isla:
Es manifiesta la satisfacción que se lee en sus caras. Se les ve radiantes, entusiasmados.
Otro de los que componen el grupo recuerda que llevan treinta años pedaleando juntos y comenta que la bicicleta no rompe la belleza de los lugares por donde pasa sino que, al contrario, armoniza con ellos.
-Cuando pasamos por la cumbre y vi el mar de nubes sobre Tamadaba me dieron ganas de volar por encima de ellas, como en E.T., y aterrizar en el Valle de Agaete –dijo otro de los presentes, con la mirada aún absorta en el paisaje que había admirado.
Antes de reanudar el itinerario, en cuyo tramo final vemos a dos de los componentes del grupo, uno a la altura del barranco de La Palma, y el otro por la carretera de La Aldea, con vistas al Puerto de Las Nieves…
… un lugareño, un hombre mayor, se dirigió a ellos:
-¿Ustedes son los biciclistas, no?
-Sí, señor –respondieron ellos al unísono.
-Es que acabo de ver las bicicletas y me parecen preciosas. No me extrañaría que volaran ustedes con ellas.
Se rieron los cuatro, alborozados, ante la apreciación de aquella persona tan simpática y, después de agradecer el piropo, se dispusieron a seguir su camino.



































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