El paseante, cada vez que se da un garbeo (sí, todavía existe el término, aunque ya no se use), presta atención a las distintas y variadas tertulias que se originan en la calle, en la plaza, en el parque, en las terrazas, y en todas destaca su carácter universal y cosmopolita. Algunas de ellas, auténticos “gabinetes de crisis”.
Ese deseo innato del ser humano de comunicarse entronca con el eslabón de la cadena vital que hace miles de siglos se puso en marcha. Aunque con esta maldita pandemia se sienta más miedo, hay personas que no están dispuestas a renunciar a ese extraordinario canal de comunicación y de vida que es la tertulia callejera. Son tan frecuentes que forman parte del paisaje urbano desde hace mucho tiempo. Un seguro para el equilibrio emocional y para mantener alejadas “las pastillas antidepresivas”. Así que las diez imágenes que acompañan este comentario hablan por sí solas: diferentes sitios dan buena muestra de lo que decimos.
Hablar, charlar, escuchar, compartir: una de las mejores experiencias cotidianas, que, precisamente por eso, pasan tan desapercibidas.
Hablar, charlar, escuchar, compartir: una de las mejores experiencias cotidianas, que, precisamente por eso, pasan tan desapercibidas. Así que hoy, aquí, volvemos a reivindicar la tertulia, la charla, el comentario con nuestras amistades y familiares: uno de los mejores inventos del ser humano (si bien calificarlo de “invento” no es el término apropiado; más que nada por insuficiente, ya lo sé). Por eso los responsables municipales deberían prestar atención dónde “se planta la gente” para, después, actuar en consecuencia. Sería una buena manera de contribuir al bienestar común y, además, liberaría tensión general y particular.
Ahora, en este verano con panza de burro y pandemia adosada, el paseante considera que un buen banco en una esquina, en una plaza, en un parque, en un rincón, incluidas, por supuesto, las consabidas terrazas de las cafeterías, constituye uno de los elementos fundamentales de relación personal.
Tengo para mí que la tertulia tiene que ver con la memoria: un mundo vivido. Además de un diálogo constante, es un relato corto, intenso, en el que cada palabra abarca mucho más de lo que representa su significante. Y el espacio donde la tertulia se mueve y cobra vida viene a ser como la atmósfera apropiada que facilita el diálogo cruzado y que, al final, ordena la narración toda en un ambiente distendido y pausado.
Pues eso: ahora les dejo, que tengo que seguir “garbeando”!!































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