Absurdas etiquetas

Zeneida Miranda Suárez Martes, 11 de Agosto de 2020 Tiempo de lectura:


Vivimos obsesionados con etiquetar y poner nombre a todo. Y lo peor es ver cómo después esos nombres y etiquetas evolucionan (porque el castellano es una lengua viva) y varía según las generaciones, llegando a un punto en el que no nos entendemos a la hora de hablar con nuestros iguales o con los más jóvenes.


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¿Alguien puede explicarme qué significa ser un “cayetano” o una “jenny”? Porque para mí son nombres propios pero a juzgar por lo que leo y escucho por ahí, parece que han tomado un matiz diferente y, ahora, que me corrijan si me equivoco, vienen a ser lo que, los de mi generación, catalogábamos como un “pijo” y una “choni”. Quizá un poco más allá, porque creo que tiene un cariz un poco más hiriente, más denigrante, más deshonroso. Los “cayetanos” al parecer no son simples pijos, son tachados de fachas, de retros y de muchas cosas más. Y las “jennys”... pues no tengo muy claro lo que son.

Ahora ya no se tiene un enamorado, se tiene un “crush” que viene del inglés “aplastar”, muy lógico no es, porque parece que ya se da por hecho que te van a destrozar el corazón. ¿No les parece?

Pero yendo un poco más allá de las jergas juveniles, me gustaría también hablar de las absurdas etiquetas que ponemos los adultos. Ahora, si te consideras español, eres una facha. ¿Entonces qué pasa con los que se consideran canarios? ¿Cómo les llamamos? Está mal considerarse ciudadano de tu país, en seguida te ponen la etiqueta de facha. ¿Saben realmente, quienes usan esa palabra, lo que es un facha? ¿O pasa como con los jóvenes que ya no les entendemos al hablar?

Etiquetar es algo que el ser humano hace con una facilidad que asusta. Ven a dos chicas pasar mucho tiempo juntas: lesbianas. Ven a una joven demasiado delgada: anoréxica. Ven a un niño pequeño con una chica muy joven: madre adolescente. ¡No! Quizá, en el primer caso, solo sean buenas amigas; en el segundo, una muchacha de constitución delgada y, en el tercero, una joven con su hermano pequeño.

Estamos en pleno siglo XXI, dejemos de poner a las personas absurdas etiquetas y vivamos cada uno nuestra vida como nos dé la gana.


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