Microrrelatos: "Aguacero"

Verónica Bolaños Domingo, 09 de Agosto de 2020 Tiempo de lectura:

verónica bolañoshorizontal2020Caían gotas furiosas en el suelo. Reventó la lluvia. Leonor e Idalia se sentaron en las mecedoras a rezar. Los espejos estaban tapados y la lámpara de gas encendida. Leonor se levantó y se asomó a la ventana. Vio como la calle se convirtió en río, vio flotando: vestidos de novia, fetos con el cordón umbilical, cadáveres, ahorcados con la soga en el pescuezo y el abuelo diciéndole adiós.

─ ¿Qué miras? ¡Ven a sentarte, te puede matar un rayo!

─Nada, nada, no miro nada.

La mujer se sentó. Luego, Idalia se asomó a la ventana. Vio la calle convertida en río, un negro desnudo en una canoa, peces con ojos amarillos que iluminaban el agua y muñecas flotando.

─ ¿Qué miras? ¡Ven a sentarte, no sea que te parta un rayo!

─Voy, espera, ahora voy, no miro nada.

─ ¿Entonces qué haces ahí de pie? ¡Siéntate, carajo!

Idalia agachó la cabeza, agarró la biblia y se sentó.

Aire y agua se filtraba debajo de las puertas. Las hermanas se echaron a dormir en las mecedoras.

Cuando despertaron, la lluvia se había marchado a otros pueblos. Se acercaron a la ventana y se apoyaron a los barrotes. Vieron la calle húmeda y limpia. Sintieron el tufo de sus alientos medicinales.

Desde ese día, cada vez que llovía se peleaban para asomarse a la ventana.


Comentar esta noticia

Normas de participación

Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.

La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad

Normas de Participación

Política de privacidad

Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.27

Todavía no hay comentarios

Quizás también te interese...

Quizás también te interese...

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.