“Cuando la música volvió a sonar en la Plaza Mayor, no solo se produjo el choque entre siglos sino que, además, las notas musicales iban a morir en el Huerto de Calixto y Melibea.
No hay nada como la Historia: la real y la imaginada. Al final todo se confunde y se ensambla en un afán de crear una nueva versión de lo que fue la realidad. Por eso la música, aquella tarde de domingo de mayo, se expandió por los soportales cercanos y subió a las torres más altas, donde el campanario daba cobijo a la penúltima cigüeña, que también emitía su particular música. Allí, en la Plaza Mayor, limamos nuestras asperezas y luchamos por la relación que, sin saberlo, perdura hasta hoy.
Toda una victoria.”






























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