De charla con… Ramón Díaz Hernández

Juan FERRERA GIL Jueves, 23 de Julio de 2020 Tiempo de lectura:


Se asoma a esta sección la voz tranquila de Ramón Díaz Hernández, que, desde la serenidad y el sosiego que le caracteriza, le ha conducido por una vida dedicada a la enseñanza y a la investigación histórica. Y, desde esa misma calma y paciencia, ha sabido llegar a los numerosos alumnos que disfrutó en las universitarias aulas y, en algunos casos, ha sido el prologuista de sus investigaciones. Está bien eso de que los alumnos caminen y avancen solos. Es un síntoma de salud académica digna de tener muy en cuenta.


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Ahora les dejamos con las palabras de un paciente profesor e investigador universitario. No se las pierdan:

PREGUNTA: ¿Por qué se especializó en Geografía Humana? ¿Qué es lo que le atrajo de esa especialidad universitaria?

RESPUESTA: Desde el bachillerato supe que lo mío eran las Humanidades. A la Geografía llegué después de un largo proceso de preparación intelectual a base de estudio y lecturas. Dentro de las muchas posibilidades que contienen las Humanidades tenía que optar por una disciplina que me permitiera abrirme paso laboralmente. En mi caso, la Geografía se presentaba como una disciplina seductora con la que mejor podía conocer la realidad, la compleja configuración de las sociedades contemporáneas y entender el mundo que era lo yo que andaba buscando; por eso orienté mi carrera, la tesis de licenciatura y el doctorado hacia la Geografía Humana. En resumen, se puede decir que esta disciplina con la que me siento identificado me atrapó muy pronto y desde entonces nunca me he sentido defraudado, al contrario me ha dado la oportunidad de desarrollarme tanto personal como profesionalmente.

P: ¿Cómo le ha ido en la docencia ejercida en la Escuela de Magisterio?

R: Mentiría si no te dijese que muy bien. Guardo un recuerdo muy grato de esa experiencia. Impartí clases de Geografía Humana (Descriptiva, Regional y Didáctica de las Ciencias Humanas) en la Escuela de Magisterio de Las Palmas desde 1974 hasta 1989, fecha en que dejé la Universidad de La Laguna y me integré en la Facultad de Humanidades de la recién creada Universidad de Las Palmas de Gran Canaria en donde seguí impartiendo las mismas asignaturas hasta 2019. En ambos centros he disfrutado mucho con mi trabajo en donde encontré la oportunidad de crecer intelectualmente gracias al contacto diario con los compañeros y el alumnado junto al desarrollo de la actividad investigadora.

P: Tenemos entendido que ha prologado ya más de 15 libros de distintos temas. ¿Se siente “un prologuista para todo”? ¿Nunca dice que no?

R: Puede que haya escrito más de quince prólogos de libros efectivamente. La mayoría para autores que fueron alumnos míos, compañeros o amigos. En esas circunstancias es difícil negarse pues en caso contrario se podrían sentir ofendidos sus autores y te perderías la alegría de festejar el nacimiento de un nuevo libro, y es que siento una gran debilidad por los libros. Por otro lado siempre es un honor que te pidan hacer una cosa así para un fin tan importante y que encima te concedan el privilegio de ocupar las primeras páginas de ese libro. Es como si te enseñaran con orgullo una casa nueva empezando por el salón como el espacio más noble de la misma. No es fácil hacer un prólogo, lleva un esfuerzo de síntesis para explicar, presentar y hablar del libro y del autor con poquitas palabras y con extremada delicadeza, debiendo hacer un equilibrio sutil entre crítica y reconocimiento de méritos.

P: También sabemos que es usted un investigador que va al detalle de los asuntos. ¿Nunca se cansa? ¿Qué aprende usted del pasado? ¿Se cuenta como realmente fue o casi siempre se dulcifica?

R: La investigación es una actividad que exige precisión, innovación y ambición por superar el nivel. El mundo funciona con datos y éstos hay que buscarlos. A eso se le conoce por ‘añadir conocimiento al conocimiento’ que ya existe acumulado. El perfil del investigador de hoy con el que yo me siento identificado es un individuo o un equipo de personas capaces de ver el mundo tal como es, de observar de qué partes se compone, cuáles son sus dimensiones, sus retos, sus límites, potencialidades, debilidades y condicionantes, causas y consecuencias de las diferentes interactuaciones que se establecen entre las sociedades para, finalmente, exponer los resultados de la forma más rigurosa, asequible, amena y bellamente posible. Dicho lo cual paso a los otros tres aspectos de la pregunta:

Por lo general, el espíritu investigador es una inquietud que se adhiere al cuerpo de forma tan intensa que no puedes dejar un momento de dedicarle tiempo, esfuerzo y recursos. Es un trabajo que a pesar de su escasa remuneración y consideración social nunca cansa porque se nutre de la curiosidad, del deseo de aprender y de entender la complejidad del presente a través del pasado, de perfilar tendencias de futuro, de descodificar y desmontar paradigmas y falsos mitos. La suma de todo ello da unos resultados casi siempre revitalizantes.

El pasado tiene respuestas para muchos interrogantes que fascinan bastante pero que también inquietan y angustian a las sociedades actuales. Poner en diálogo el presente con el pasado precisa un buen conocimiento de ambos a los que hay que conocer e interpretar en sus correspondientes planos cronológicos con sus respectivos contextos. Los valores que causaron fervor en otros tiempos hoy provocan repulsión. Un ejemplo: la seducción y la picaresca dieron lugar a exitosos géneros literarios que hoy en día están cuestionados.

El que investiga el pasado parte de la base de que no estuvo allí como testigo presencial sino que conoció los hechos indirectamente a través de documentos, vestigios, huellas, etc., por eso tiene que verlo objetivamente y renunciar a la tentación de modificarlo en un sentido u otro. El cometido del estudioso social es abordar los hechos con todas las herramientas de que dispone y mostrar los resultados a los demás mediante la comunicación en la enseñanza o por medio de publicaciones pero siempre de la forma más honesta posible. Un ejemplo de lo dicho: cualquiera que lea la Ilíada nunca sabrá si Homero estuvo a favor de los griegos o de los troyanos, pero de lo que sí estamos seguro es que detestaba los horrores de la guerra. Esa es la finalidad del historiador: demostrar los hechos con datos y argumentos impecables dejando a un lado las fobias y las filias personales.

P: ¿Se considera un investigador o un cronista? ¿O no hay diferencia?

R: Para mí no existen diferencias formales entre uno y otro. Tuñón de Lara fue primero abogado… y mira por donde eso no le impidió ser uno de los grandes historiadores españoles. Lo he dicho muchas veces, en la práctica hay dos tipos de historia independientemente de que quién la escriba, cuente o no con títulos académicos o con cualquier otro calificativo similar. Lo importante es hacer buena historia, y buena historia es la que se documenta con materiales de calidad, aborda los hechos objetivamente con una actitud crítica, sin prejuicios y con todo el rigor posible, empleando los métodos científicos adecuados. De la mala historia es mejor no hablar.

P: Estudiando la historia pasada, ¿sirve para rearmar, o re-amar, el futuro?

R: Mi mente no pierde de vista el futuro, siempre he creído que el pasado fue anterior pero nunca mejor que el presente. Estoy inoculado contra la nostalgia y la pretensión de que lo auténtico sólo reside en tiempos pasados. Lo que no quita para reconocer que determinados valores humanos son ucrónicos, es decir, pertenecen perpetuamente a la humanidad independiente de las etapas en que se viva. Pretendo, eso sí, con mis trabajos superar la incapacidad de mirar con esperanza y optimismo hacia lo venidero porque estoy convencido de que lo único que se puede mejorar es el futuro. Por cierto, la palabra re-amar me gusta más que rearmar que tiene, por el contrario, una resonancia castrense que me supera.

P ¿Qué le dice o le recuerda el término “G.A.T.A.”? ¿Cualquier tiempo pasado fue mejor?

R: GATA es el acrónimo del Grupo Aficionado de Teatro de Arucas que provenía a su vez de otra agrupación anterior (Moratín) vinculada a la Acción Católica. GATA formaba parte a su vez de un proyecto cultural más amplio. Desde finales de los sesenta y gran parte de los setenta del pasado siglo constituimos una movida cultural abierta y plural en Arucas con ramificaciones en Guía, Telde y Gáldar cuyas actividades se concretaban en lecturas (a veces de libros prohibidos), círculos de debate, recitales poéticos, conferencias, audiciones musicales y representaciones teatrales de obras de Buero Vallejo, Alejandro Casona, Alfonso Sastre, Arthur Miller, Bertold Brecht, García Lorca, etc. Llegamos incluso a editar una revista autoimpresa (“El Compromiso”) y organizar en los salones de la Sociedad Atlántida, Club 68, Heredad de Aguas de Arucas y Firgas, Círculo de Labradores, Sociedad Hespérides, etc. numerosas actividades musicales, exposiciones de pintura, cine, filosofía, religión, economía y política. Hacíamos también excursiones periódicas a Los Berrazales, Los Tilos, Barranco de Los Cernícalos, El Agujero, etc. en donde se celebraban diferentes intercambios culturales. El contexto sociopolítico del momento (fresco aún Mayo del 68 y la última etapa de la dictadura) propiciaba este tipo de agrupamiento. Este movimiento acabó confluyendo con otras experiencias antifranquistas como Latitud 28 liderado por Tony Gallardo y el Manifiesto de El Hierro. La autodisolución se produjo a principios de los ochenta cuando la transición democrática terminó formalmente con el refrendo de la actual Constitución. Con la perspectiva que da el paso del tiempo te puedo decir que fue una experiencia inolvidable.

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P: ¿Realmente la Cultura sirve para cambiar la sociedad?

R: Aunque pueda parecer académico, la cultura es una elaboración colectiva que cambia constantemente de conocimientos, comportamientos, valores y creencias a través de las cuales las comunidades consiguen definirse como tales. La cultura como conjunto de formas de pensar, de sentir y de actuar con las que aprendemos y compartimos socialmente sirve, en primer lugar, para construir una mentalidad abierta, creativa y crítica en las personas que vivimos en colectividad. En segundo lugar, ayuda a crear una identidad no excluyente, una actitud de tolerancia y empatía hacia todo lo diverso, facilita la comunicación efectiva y ayuda a gestionar los impulsos emotivos. Vista así, la cultura es un poderoso motor de cambio social.

P: ¿Qué le queda por investigar? ¿En qué siglo anda metido últimamente?

R: Aunque administrativamente estoy jubilado, continúo siendo miembro externo del grupo de investigación Sociedades y Espacios Atlánticos de la ULPGC y sigo trabajando en las grandes líneas de investigación de dicho grupo que son movilidad humana, geodemografía, cambios espaciales, globalización… También pertenezco a la Asociación de Geógrafos Españoles, asisto a reuniones científicas, coloquios, congresos y publico artículos en revistas de impacto y en publicaciones de divulgación científica. Como verás estas temáticas son lo suficientemente amplias e inagotables como para estar intelectualmente entretenido mucho tiempo hasta que el cuerpo aguante. La actividad docente la tengo ahora muy reducida y concentrada solamente en un curso de experto universitario... eso me deja tiempo libre para dedicarlo a otros temas locales que siempre me han atraído pero que han estado aparcados por otras prioridades a lo largo de mi actividad laboral. Recientemente he retomado, y espero que esta vez con la intención de acabarlos definitivamente, tres proyectos de libro sobre el motín de Arucas de 1800; una pequeña biografía sobre el capitán Francisco Hernández de Vega y un tercero sobre la participación de Marcelino Quintana en el concurso literario convocado por El Museo Canario en 1931 para conmemorar el segundo centenario del nacimiento de Viera y Clavijo. Este último está ya completamente acabado y muy pronto será publicado.

Circunstancialmente tengo que reconocer que estoy en un siglo donde se mira al pasado con demasiada complacencia o con exceso de nostalgia. Ninguna de las dos cosas me gusta, especialmente cuando se hace desde una perspectiva acrítica. Para empeorarlo más aún si cabe se ha instalado entre nosotros la moda de lo “políticamente correcto” que está generando altas dosis de intolerancia con la falsa esperanza de enmendar el pasado cuando lo que hay que enmendar es el presente para que el futuro esté limpio de polvo y paja. Puedo entender que a mucha gente le enerve la inadecuación actual de la ejemplaridad moral, de los valores encarnados en los hechos que representan héroes inhumanos, hazañas mitológicas repletas de crueldades y personajes despiadados del pasado que fueron reverenciados fervorosamente en su momento por sus propios coetáneos. Sin embargo, el pasado hay que estudiarlo y explicarlo en su contexto no para venerarlo sino para entenderlo. El ideal del historiador es intentar de entender lo que ocurrió, juzgarlo según los valores de cada época, sobre la creencia en la superioridad racial o religiosa o el desprecio que se sentía en el pasado hacia un mundo salvaje desconocedor de nuestra civilización,…Un ejemplo de ello: la institución esclavista es realmente oprobiosa y rechazable desde el abolicionismo hasta hoy, pero en su primer momento constituyó un gran avance social porque en las batallas que frecuentemente se libraban en vez de matarse a los vencidos se les esclavizaba.

P: Cuando vuelve a la actualidad, ¿cree que hemos aprendido algo de esta pandemia?

R: La pandemia que todavía está con nosotros nos recuerda una vez más que somos profundamente ecodependientes y que las actividades humanas han conllevado desrespeto y ruptura de las leyes naturales y eso está teniendo un alto coste para nuestra sociedad. Los virus han convivido bien adaptados en sus espacios con la avifauna y flora desde la noche de los tiempos y todo iba bien mientras su existencia no estuvo amenazada. Pero cuando invadimos y destruimos sus espacios vitales (desforestación, pérdida de biodiversidad, uso indiscriminado de insecticidas, contaminación, calentamiento global, etc.) se ven obligados a entrar en los nuestros para sobrevivir y lo están haciendo ahora mediante el paso de peligrosísimos microorganismos virales a las materias primas que sirven de base a la cadena alimentaria humana; si no reconsideramos nuestro modo de interactuar con el medio natural, probablemente, en el futuro, vamos a seguir teniendo crisis sanitarias similares añadidos a los derivados de la emergencia climática en la que ya estamos instalados. La enseñanza más elemental de esta pandemia es que hemos dejado de creer que nuestro mundo es seguro. En la globalización todo lo que suceda en el rincón más apartado del mundo nos puede afectar a nosotros también por alejados y aislados que estemos. La rápida y despiadada expansión de la enfermedad nos ha hecho ver que somos más frágiles de lo que creíamos y que, además de compartir miedo y soledad, en el estado de alarma ha surgido espontáneamente una eclosión de comunitarismo ejercida por la ciudadanía en las ventanas y balcones en donde manifestábamos todos los días nuestra gratitud hacia los que nos han cuidado con heroísmo, pero al mismo tiempo nos interesábamos los unos por los otros. La irrupción de la COVID-19 ha puesto de manifiesto la importancia de las Instituciones públicas de las que depende la sanidad, la seguridad, la educación y la movilidad que son instancias decisivas en cualquier situación de emergencia. La crisis sanitaria nos ha mostrado igualmente que la educación para la ciudadanía y la convivencia es imprescindible para hacer que todos seamos solidarios cumpliendo de buen grado las recomendaciones de las autoridades competentes por el bien general. En los días más duros del confinamiento pudimos ver que sin ciencia, científicos e investigación somos más vulnerables y dependientes y que es necesario invertir más en laboratorios, becas para investigadores y nuevas tecnologías para reforzar los mecanismos de prevención y lucha contra las amenazas sanitarias. Y finalmente en los meses críticos mucha gente pudo escuchar el canto de las aves; la limpieza de los mares con su fauna que creíamos tímida y huidiza, exhibiéndose descaradamente en nuestras costas; la rápida recuperación de espacios naturales degradados; el aire era más respirable y el cielo más intensamente azul que lo habitual demostrándonos que el paraíso está en nuestras manos.

P: Dígame un sueño y una reflexión.

R: Con los sueños ya se sabe o se roncan o se consiguen hacer realidad. Lo primero se me da muy bien. En cuanto a lo segundo, sueño pensando que la cultura y el conocimiento nos hacen más libres, más autónomos y más resilientes. La cultura humaniza y ciudadaniza por eso debiéramos exigir un PIB cultural per cápita.

Lo de la reflexión la dejamos para otro día… si te parece

P: Añada algo que no le hayamos preguntado.

R: Pues solo darle las gracias a Infonortedigital por la acogida en su espacio de esta charla. Y finalmente agradecerte, Juan, este ratito de intercambio de opiniones. 

Hasta aquí las palabras y pareceres, siempre generosos, de un maestro universitario e investigador.

Infonortedigital agradece su valiosa aportación.


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