“Cada año ocurría el milagro: en el mes de abril el tibio sol de primavera iluminaba primero el risco de piedra.
Y, así, volvíamos a recuperar la presencia de su existencia tranquila. Parecía que el resto del año no existía: se difuminaba, como apagándose, en el entorno y daba la sensación de humildad generosa. Por eso los chiquillos de entonces lo bautizamos como “Sol de Piedra”, mezclando los conceptos, que supimos años después. Así que con el paso del tiempo utilizamos ese nombre para el grupo folklórico que creamos a los veinte años, tan de moda entonces. Luego Alberto González se lo puso a su incipiente productora cinematográfica; Luis Medina lo convirtió en el título de su primera novela, que logró pagar a duras penas de sus vacíos bolsillos; y María Henríquez paseó por todo el país su primer monólogo con ese título y tuvo tanto éxito que de regreso creó una compañía teatral.
Así que ese “Sol de Piedra” no solo tiene una realidad geológica y morfológica, que también, sino que fue, y acaso todavía es, nuestro primer gran paso en la aventura de la vida. Y ahí sigue.”






























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