“Abrimos la tienda en tiempos revueltos donde la escasez, el silencio y el miedo eran casi sinónimas.
A pesar de la iglesia cercana, lo religioso ocupaba un segundo plano porque lo verdaderamente difícil consistía en aguantar el frío y no pasar hambre. A duras penas sacamos el negocio adelante. Ya llevamos más de ochenta años en el mismo sitio y, a pesar de los cambios habidos, mantenemos la misma manera de vender, aunque ahora vengan más turistas: estanterías hasta el techo, mostrador y que el cliente pida lo que necesita. Con el paso de los años casi somos una atracción comercial atrapada en el pasado. Da igual lo que los otros piensen. Tenemos que seguir viviendo y hemos ido superando las crisis sufridas con más trabajo.
Y eso es lo que falta hace: más trabajo, para que los clientes no falten.
Sí, sí, eso es: una cadena estable y permanente.”






























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