“Las nubes llegaron, después de cuatro meses, cargadas de agua.
Al principio, la amenazante lluvia se mezcló con el sol del inicio de la primavera como si fuera un aviso. Los días siguientes se tiñeron de gris permanente hasta que el maná del cielo cayó con fuerza. De pronto, las carreteras se colapsaron y la gente llegó tarde a sus quehaceres. Este invierno tardío habla de cambio climático, aunque algunos se empeñen en negarlo. Hubo también días combinados de sol, lluvia y calima: todo a la vez, como si de una sangría se tratara. Y acaso era cierto: una sangría climática que ha venido para quedarse. Y cuando eso sucede, la ciudad se pone patas arriba, la isla empequeñece y solo aumenta el cabreo de los conductores atrapados en el tráfico.
Circular y recurrente: primero, la lluvia, y después el atasco. Dos aspectos a añadir al cambio climático que no ha hecho más que comenzar. Veremos.”






























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