En bici por las nubes

Opinion

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-Cuando veo ese inmenso mar de nubes a mis pies mientras pedaleo, tengo la sensación de que voy volando –me dijo el ciclista, que suele ir de paseo por esas portentosas cumbres. Fue allí a donde se dirigió para hacerle la prueba de fuego a su nueva bicicleta, de la que dice maravillas:

-¡No pesa nada! Tiene cambios electrónicos e inalámbricos; inalámbrico también el sistema de la transmisión; el cuadro, el alma de la bici, es de una fibra de carbono muy ligera; el movimiento de las ruedas es súper dinámico…

-Parece que me la quieres vender –lo interrumpí, de broma, sonriente, y él continuó halagando a su bicicleta durante un rato. Luego, con mirada evocativa, alabó los paisajes de la cumbre, una maravilla que no tiene parangón.

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Desde el Pico de las Nieves, comentó, se divisan unas vistas fabulosas que seducen la mirada y hacen que uno se sienta gratamente transportado a una especie de plácida irrealidad en la que reina una calma absoluta.

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-He soñado con esas cumbres varias veces. En algunos de mis sueños he paseado en bici por las nubes.

-Me gusta eso que dices de plácida irrealidad. Me recuerda, por contraste quizás, la descripción que hizo Unamuno de esos paisajes: tempestad petrificada. Es otra visión la suya, una imagen muy poética, sin duda, pero la palabra tempestad tiene unas connotaciones que se contraponen con ese mundo tan sereno que tú describes –repliqué, y el ciclista, ensimismado, me habló entonces de la Caldera de Tejeda, de la Degollada de las Palomas, de los Riscos de Chapín, del Bentaiga y, en especial, del Roque Nublo y el Teide, que franquean las nubes para asomarse al cielo.

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-Se miran, ambos altaneros, desde la mañana hasta el crepúsculo, ese momento mágico en el que el cielo se tiñe casi siempre de colores encendidos.

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El ciclista terminó su alocución diciendo que la primera excursión a la que lo llevaron, estando en la escuela, fue a Tejeda y que, desde entonces, siente una atracción especial por el centro de la isla, al que ve envuelto en una especie de aura mágica.

Tal vez esa visita a una edad tan temprana haya influido en el hecho de que ahora vaya a visitar las cumbres a menudo y hable de ellas con tanto cariño. Puede que tenga la sensación de que sus raíces se hallan entre aquellos riscos tan prominentes y expresivos.

Por eso se fue hasta allí para hacerle la prueba de fuego a su nueva bicicleta, de la que dice maravillas.

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Y a la noche siguiente soñó que paseaba con ella por las nubes.

Fotos: Ignacio A. Roque Lugo

 


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