Las nuevas normalidades

Opinion

SANTIAGO GIL TXEFE BETANCORpequeJugar con las palabras es un gran entretenimiento, siempre sorprendente, divertido y, a veces, revelador y original porque aparecen detalles que ni siquiera sabíamos que guardábamos en nuestro inconsciente. Pero uno sabe que es un juego o que es literatura, que al final es el divertimiento que llega más lejos y dura más tiempo. Lo que ya no vale es que las palabras se conviertan en tinta de calamar o en dibujos caligráficos que digan justo lo contrario de lo trazado. 

Esa tentación es la que nos lleva a los eufemismos y a esos enredos que terminan en un galimatías o en un oxímoron, enredando tanto que no dicen nada o queriendo expresar que estás en Mozambique y en Ohio al mismo tiempo. Todo eso es lo que me sugiere esa nueva normalidad de la que se viene hablando tanto justamente para que no hablemos de nada de lo que realmente nos interesa. Y me parece bien que se juegue con las palabras, pero ya no me gusta tanto que se quiera confundir con ellas cuando podrían hablar más claro y dejarse de medias verdades o de medias mentiras, que al final no son más que farsas que nos desaniman y generan desconfianza entre los que escuchamos.

Lo peor es que esa tentación haya llegado al Boletín Oficial del Estado, cuando desde siempre la asepsia de los códigos civiles y de los boletines oficiales era algo que nos tranquilizaba a los poetas porque no nos hacían la competencia con metáforas. Y es que esa nueva normalidad es una burla a los millones de españoles que ya no tienen un puesto de trabajo al que acudir cada mañana o a las miles de familias que han perdido seres queridos durante estas semanas de encierro. Cuando los escucho pronunciar ese nuevo juego de palabras me los imagino mirando solo a una o dos personas de una sala abarrotada de público. Ese es un truco que nos enseñaron para evitar el miedo escénico; pero, evidentemente, aunque ellos hablen a ese personal selectivo y afortunado por poder disfrutar de esa nueva normalidad, casi todos los que escuchamos nos quedamos como si nos estuvieran tomando el pelo. Lo seguirán repitiendo hasta que el vivales que va inventando juegos de palabras según las contingencias, aparezca con algún eufemismo nuevo como el de esa desescalada que suena tan mal como la confianza que tenemos en ella cuando vemos a la gente salir a la calle como si la Covid-19 ya hubiera quedado tan atrás como la tele en blanco y negro.


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