“Al lograr dominar la técnica de la crítica literaria, los libros ya habían desaparecido. Todo estaba en manos de las redes sociales y, como el razonamiento había salido huyendo por la puerta trasera de la libertad perdida, no tuve más remedio que especializarme en fiestas mayores, donde las de Valencia, con sus fallas, lograban mantener el tipo más que nada por el empecinamiento de sus habitantes, capaces de luchar hasta el infinito y más allá con el único y loable fin de mantener su identidad.
Eso es lo que aquí habíamos perdido hacía tiempo. También acabamos con los mitos, pero eso a nadie le importaba. Y si ahora se volvían a recuperar lentamente, era, más que nada, por inventar o recuperar un relato casi histórico con fines exclusivamente turísticos. Como el turismo de sol y playa había tocado fondo, las autoridades optaron por recuperar relatos y leyendas con el fin de “vender mejor la marca Canarias”. Así que tuve que especializarme, como les dije antes, en las fiestas mayores. Me esforcé tanto que no paraba de pronunciar pregones y más pregones. Hasta que ya no pude más y me desperté de aquel sueño real que me conducía a vivir únicamente de manera virtual. Entretanto, la vida verdadera se había llenado de desasosiego y vaciedad.
Y, así, me he convertido en una caricatura, donde yo mismo contribuyo a la no lectura y al desprecio del libro. ¡Quién me lo iba a decir! Otra contradicción más que llevo a mis espaldas.”






























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