Cuentan que en la isla de El Hierro existió una mujer, gran conocedora de la sabiduría ancestral, que se convirtió en sabina porque deseaba relacionarse con las plantas del lugar.
Con la apariencia de dicho árbol enamoró a un pastor que todas las tardes la venía a ver.
Ella cantaba y bailaba con el viento. Decía que así se liberaba el pensamiento.
Y aunque parecía doblegada, simplemente se balanceaba para alcanzar el suelo.
El pastor le traía de la cumbre y del mar muchas noticias. En sus saltos entre riscos aprendió a hablar con la brisa.
Y así vivían conectados, atraídos por la fuerza de la tierra estos dos enamorados.
Si cierras los ojos, podrás oírlos, ellos conversan en silencio, trayendo ecos de otros tiempos, que son también los tuyos y los míos.
Autora del texto y muñecos: Carolina Pérez García






























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