El Pentágono y el dodecaedro

Opinion

SANTIAGO GIL TXEFE BETANCORpequeA veces recuerdo los sueños y otras veces creo que el propio cerebro se encarga de borrarlos antes de que despierte para que las pesadillas se queden en ese limbo lejano de la inconsciencia. Estos días, con tantas noticias catastrofistas y tan poco movimiento, nos cuesta más dormir y también aparecen muchas más pesadillas que cuando corremos por los barrancos o vivimos como si fuéramos eternos. Y en medio de toda esa zozobra y esos desvelos, como si no tuviéramos bastante, van y aparecen los OVNIS. Y esta vez, además, no nos lo enseñan en programas extraños de madrugada sino los saca el Pentágono, o sea, los responsables militares del país que se entendía que marcaba la pauta de buena parte de la humanidad, aunque esas pautas después de los detergentes y las demás barbaridades de Trump hace tiempo que no sabemos dónde buscarlas. Bueno, sí, las buscamos donde siempre han estado, en los ecos de los consejos de nuestras abuelas, en el sentido común y en los poemas.

Pero hete aquí que, ya despierto, me enseñan OVNIS volando grabados por los yanquis como si fueran mates de la NBA, con gritos y con todo ese histrionismo que ellos confunden siempre con el espectáculo. Y, claro, ya entonces uno no sabe qué pensar de la realidad que está viviendo. Cuando yo era joven supuestamente vi muchas naves espaciales en los cielos del norte y del oeste de Gran Canaria, aunque es verdad que cuando nos juntábamos cuatro amigos en las madrugadas de Agaete bebimos algún vino peleón entre bolero y bolero. Lo de ahora, en cambio, es en serio, como terminó siendo serio aquel virus que nos decían en febrero (y febrero fue ayer mismo, no lo olviden, que no hablo de 1980) que era una gripe como otra cualquiera. No quiero ni pensar que esos OVNIS sean solo un aviso para lo que venga luego, porque ahora solo nos falta que nos monten unos encuentros en la tercera fase delante de nuestras casas. En fin, que prefiero volver a la cama durante un rato, porque encima lo primero que leo cuando despierto es que muere Michael Robinson, y entonces sí que el páramo ya es mucho más denso cuando pienso que, si viene el fútbol de nuevo, ya serán mucho menos intensas las emociones que nos esperan (porque las emociones dependen de los sentimientos de quienes nos las cuenten). Pues eso, que mejor me acuesto y me levanto dentro de un rato como si lo de OVNIS hubiera sido un sueño lejano.

Bueno, al final no me quedé dormido, y me levanté de nuevo, pero sin ver las noticias ni visitar las redes sociales. Me puse a escuchar un rato a Javier Krahe para coger algo de sentido común y de resuello, y ahora me siento a escribir estas palabras. Y bendita música, y bendito Krahe, que me recordó que en lugar del Pentágono me acordara del dodecaedro. Krahe decía que el dodecaedro le conmovía hasta la ternura. A mí también, visto lo visto, lo único que me conmueve ahora mismo es el dodecaedro.


Comentar esta noticia

Normas de participación

Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.

La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad

Normas de Participación

Política de privacidad

Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.133

Todavía no hay comentarios

Quizás también te interese...

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.