Las ventanas de Arucas, en estos tiempos raros coronados por el confinamiento, han devenido en medios de comunicación ocasionales, con personalidad definida y criterios infantiles: los mejores. Los dibujos de colores que decoran las distintas ventanas de la ciudad, con diferentes mensajes, no solo obedecen a un tiempo de entretenimiento, que también, sino al deseo de salir a la calle de otra manera.
Ya se sabe el deseo innato de comunicación del ser humano. Y los niños, sin ni siquiera ser aún conscientes de ello, dan una buena muestra de solidaridad y de mensajes en positivo. Me imagino que en otros lugares sucederá igual. Y eso es de agradecer. Y mucho. Esta sociedad que confunde las voces, al menos, ahora, con este detenimiento forzoso, ha llegado a visualizar los mensajes de los más pequeños. Y en ellos hay de todo, como podrán ver en las distintas imágenes.
Ya ven: las sencillas y humildes ventanas se han convertido en altavoces donde detener la mirada y “escuchar” las creaciones de los más pequeños de la casa. Resulta curioso que en el mundo de la hiperconectividad que vivimos, las ventanas desempeñen el papel de emisores de la comunicación. Nunca lo hubiésemos imaginado.
Y, ya puestos, cuando caiga internet en un apagón mundial nos quedarán las ventanas, las calles y las plazas para relacionarnos nuevamente.
Al tiempo.
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