¡Vaya noche!
Sucedió en el transcurso de una noche cotidiana de la segunda o tercera semana de confinamiento. El día, mitad soleado mitad nuboso, me había tenido bastante ocupado en no hacer nada. El atardecer trajo consigo cierta calma. Las rocaflex, taladros y lijadoras vecinales comenzaron a dar muestras de cierto cansancio. Los perros ladraban, pero menos. Y la que se hace notar, se mostró agotada. Felipe González se despidió de Jose Mari y PPablito acordó con Chaguito seguir compitiendo. Mienten por igual. Y llegó la noche, sin que ello significase que el silencio también. Una radio Radio María a toda pastilla lo impidió. Los teletrabajadores y la parienta ya se encontraban en sus respectivos aposentos. Que Dios los guarde.
Por no molestar y pertrechado con un vaso de agua, para la dentadura, y el transistor encaminé mis pasos hacia el cuarto de la plancha. Abrí la cama plegable, intentando no hacer ruido. Saqué la almohada cervical, estiré la sábana, manta y colcha. Seguidamente me pijameé, acosté y apagué la lamparilla. Estiré toda mi estructura ósea, encendí la aradio y con un solo auricular, p ́a lo que hay que oír, escuché: pi, pii, piiii..... “el parte de su comunidad”. Presté atención y dijeron “el presidente del Cabildo insular de La Gomera, Casimiro Curbelo, declara que a él, con un silbido, le basta”. Pues nada, tú mismo. Corto y cambio. Un ligero babeo y una sutil bobería hicieron que me quedara lelito.
Una mala postura, al parecer, hizo que cambiara de posición. El relaje fue espectacular. Pero no sé por qué empecé a tener malos pensamientos. Traté de evitarlos, pero no hubo forma. Incumplí los mandamientos y me declaré fiel seguidor del mundo, el demonio y la carne-fiesta. Se me apareció la Dama de Elche. En un primer momento dudé, pero la reconocí por los dos grandes auriculares. Y, dicho sea de paso, la encontré bastante desmejorada. Me desperté, no diría que asustado, pero sí con un poso de mala conciencia. Me incorporé y para distraerme cojí un ejemplar de la revista Notelocreas y leí un artículo de Marhuenda. Le tuve que dar la razón. Dado que seguía espabilado, continué con la lectura, llamándome la atención una columna de quien dice ser periodista de investigación, un tal Inda. Hablaba de Venezuela, de Maduro, de financiaciones irregulares y, ¡oh! sorpresa, de Unidas Podemos. Finalizaba su columna investigadora de esta guisa: la fortaleza y brillantez del cuero cabelludo de Pablo Iglesias se debe a la utilización del conocido champú Geniol al huevo. ¡Boooomba!
Bostecé, me acosté y pensé. Cosa rara en mí, pero así ocurrió. Vivo en un país donde la crisis, la desigualdad, la pobreza, la derecha legañosa y casposa, la ignorancia, el postureo y un sinfín de cosas más han llegado para quedarse. Y, por si fuera insuficiente, ahora hasta el Dúo Dinámico.
Total, que no conseguía conciliar el sueño. Me alevanté, aseé, teñí, pinté y vestí con el mejor chándal. Vamos, como si fuera para salir y tiré para la azotea. El fresquito del amanecer me tranquilizó y confortó. ¡Vaya noche! Mientras, los míos descansaban plácidamente. Me dio un coraje...
Una pregunta, ¿es cierto o, lo que es lo mismo, es verdad que sus majestades los Reyes Magos de Oriente han presentado un ERTE? Igual lo soñé.































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