Ellos están aquí por el Carmen; y Nuestra Señora del Carmen de La Isleta llena mucho, muchísimo de su tiempo durante todo el año, no sólo durante el festivo y soleado mes de julio en las calles del barrio portuario.
Son de aquí, y de allá, y de los pueblos de medianías y de la península. Los une una devoción que pesa en sus almas con tanta fuerza que el peso de trono, jarras, flores e Imagen se hace poco, leve cuando ellos lo comparan con el regocijo, con la complacencia con la que desde el anonimato de ocultos portadores hacen bailar, moverse, procesionar a la Santa Imagen del Carmen isletera.
Poco hay que añadir en este momento a tantas cuestiones interesantísimas de este fervor del lugar que les da cobijo. Yo mismo y otras muchas personas han investigado, publicado y pregonado sobre ello. Quede para otra ocasión mi personal compromiso de hacerlo.
Porque hoy son ellos en este escrito, los protagonistas. Los ocultos y humildes protagonistas de que, por ejemplo, se lleve a cabo procesiones durante horas y horas, en las que el pueblo de La Isleta, de la isla entera alaba, reza, grita a esa imagen unificadora de voluntades. Parece, en ese arrebato de pasiones, que se olvida el que el bellísimo trono con lo que le adereza, embellece y la Virgen que lo corona puede hacer todo ello, con el esfuerzo, u algunas veces la sangre, de esos hombres que desde abajo dan vida a lo de arriba. Estos hombres de distintos puntos de la isla, Fuerteventura, Sevilla o Jerez de La Frontera y con edades comprendidas entre los 18 a los 65 años afirman en una humilde, sensible y entrañable forma de hacer entender lo que hacen que “el trono no pesa nada, y parece que la Virgen te lleva a ti…hay veces en los que pesa mucho, pero en seguida es como una pluma…hasta lloramos por estar cerca de ella” Y eso que los cientos de kilos de peso, los grandes trayectos procesionales, el calor, son todo inconvenientes para otros que no sean estos artífices de gran parte de la magia de envuelve La Isleta en estos días. La fe, dicen, mueve montañas; en La Isleta mueve tradición, cultura, devoción y amor hacia el Carmen. Sólo por eso, estas personas merecen respeto y consideración infinitos.
Y desde que en 1913, la imagen llegara al puerto a dar fuerza y fe a la primera escuela del barrio de la mano y voluntad de Sor Asunción y Sor Teresa, las Hijas de la Caridad que decidieron traerla desde el Hospital de San Martín, y su consagración por el obispo Pérez Muñoz; el andar del Carmen ha sido el andar de los isleteros.
Y ya entonces fueron los hombros de éstos los que la procesionaron por las calles de aquel barrio que, en muchos aspectos, parecía olvidado hasta de Dios. Pero no era así…porque el Carmen sí estaba.
Desde los primeros momentos de su instauración en el Puerto, la creciente vecindad de toda la zona sintió la necesidad de honrar aquella imagen que ya iba, poco a poco, iniciando este proceso de su consolidación como símbolo del barrio. Con todo lo interesante, atractivo, denso de la historia del Puerto de La Luz y sus cercanías, es indiscutible que La Isletas no se entiende sin la Virgen del Carmen y la Virgen no hubiese llegado a lo que es hoy en día si no hubiese estado en medio de los isleteros y su fervor desbordado.
Fervor y necesidad que se manifestaron prontamente en fiestas, misas y recorridos procesionales por unas calles que no estuvieron completamente asfaltadas hasta mediados los años treinta.
Estas procesiones se hacían, por lógica, sobre distintas fórmulas que fueron desde las clásicas andas hasta el vistoso paso con que en la actualidad recorre las calles Benartemi, Juan Rejón, La Naval, etc en las tres salidas procesionales, en las que esos pasos, esos andares tan típicos y tan difíciles cuando se hacen con el peso de trono e imagen, marcan también una impronta peculiar. La Virgen del Carmen pasea así entre los miles de visitantes “de cadera”, “del Carmen” a al paso de “Artemi Semidán”, normal, mecida o a carrera, configurando, casi sin quererlo una tradición que, de seguro, ya forma parte del patrimonio inmaterial de Las Palmas de Gran Canaria.
La ciudad lo supo reconocer en el 2008, cuando se le concedió la Medalla de Oro de la misma por ser “las fiestas del Carmen en La Isleta una de las manifestaciones populares de mayor tradición y fervor, además de convertirse en un evento de atracción turística gracias al trabajo de los costaleros de la Virgen…”
Conscientes de esta relevante situación y, sobre todo, de la responsabilidad que emana de la misma, se constituyen en Asociación el 2001, portándola aún a hombros, y sería en el año 2004 cuando deciden modificar el estilo de portar a la imagen usando por primera vez el costal; ese singular paño en la cabeza con un pequeño relleno de tela en la nuca para poder amortiguar el peso como herramienta de trabajo. Y así se creó.
Pareciendo poco tiempo el transcurrido, ya nadie entendería el Carmen de La Isleta si no estuviesen ellos.
En el año 2008 se estrenan los respiraderos, realizados por encargo y personalizados a la orfebrería sevillana de don Antonio Santos Campanario y al año siguiente, se entregaron también las dos peanas, obras del mismo orfebre. Las jarras también son obras suyas de años atrás. En el año 2010 se realizaron los faroles traseros y delanteros del paso a Pasión Cofrade Sevilla, al igual que Ángeles y el Llamador del paso; y ya en el 2016 se estrenó una nueva parihuela de madera -trono- de 7 trabajaderas realizada por Carpintería Religiosa Morales de Sevilla.
A día de hoy, la cuadrilla consta de 54 costaleros, 3 capataces, 2 contraguías, 1 fiscal de paso, 2 responsables de banda y 1 responsable de relevos. En cuanto al lugar de residencia, todos viven en Gran Canaria, en distintos puntos de la isla y uno de sus capataces vive en Sevilla, también han comenzado con la creación de su grupo joven, con edades comprendidas entre los 13 y 17 años, con el objeto de ir creando escuela.
Son estos y otros muchos los interesantes detalles que sazonan la historia de los Costaleros de Nuestra Señora del Carmen de La Isleta. Ellos se encargan de custodiarlos y engrandecerlos. Por esa razón es de justicia reconocerlo y agradecerlo y mucho más en este año en el que esta tragedia que la Humanidad está viviendo son ésas las actitudes que se agradecen: a quiénes elevan su alma al cielo a través de su devoción a Nuestra Señora del Carmen. pero nunca olvidan la tierra y la gente donde han nacido y que nutre lo más profundo de sus espíritus y sentimientos.
Yo, personalmente se los he agradecido en cuantas entrevistas y retransmisiones he tenido ocasión de hablar de La Isleta y su Virgen del Carmen, tan unidas ambas a mi alma por distintas razones, y hoy aquí lo hago con estos versos que les dediqué hace dos años.
Una pequeña muestra de mi admiración y respeto.
DÉCIMA DEL FERVOR COMPARTIDO
José Luis Yánez Rodríguez es Cronista Oficial de Teror.






























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