“Los pasos de peatones, contemplados desde la cafetería de la esquina, se convierten en avanzadillas de ejércitos que cada cinco minutos, por ejemplo, detiene el tráfico para convertir la ciudad en lo que siempre fue: el espacio de las personas. Ahora, con los coches y el enloquecido crecimiento turístico, pasan a ser “parques temáticos” de idiosincrasias únicas. Y así nos va. Ya no hay quien camine por ellas. O nos adaptamos al ritmo o la marabunta se nos echa encima, con el peligro de ser abordados y aniquilados; como vemos en las viejas películas de piratas: una invasión como otra cualquiera.
Solo los pasos de peatones mantienen la esencia de las ciudades, pero no su lentitud, que solo se recupera los fines de semana, cuando nos solemos percatar de los matices que siempre pasamos por alto: una fachada, una escultura, aquella pequeña plaza…
En fin, los tiempos de ahora.”






























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