La vida oculta
Nunca había pretendido ser la escritora de éxito en la que se había convertido. Pensaba en la escritura como una manera de expresarse, de sacar de dentro todo lo que llevaba en esa vida oculta de sentimientos, deseos, sensaciones, emociones, y compartirlo con los demás. También el ejercicio de la escritura lo había experimentado como terapia.
Por eso, cuando años atrás se presentó al premio Roquenublo de Cuentos, y lo ganó con La flor de lis, la cogió de sorpresa y tardó un tiempo en creérselo y asimilarlo. Después se vio gratamente sorprendida, cuando empezaron a llamarla de los colegios y de los institutos de la isla, pues su libro se leía junto a los de otros autores consagrados, y raro era el mes en el que no tenía que acudir a las lecturas que se organizaban en torno a su cuento, para contestar a las muchas preguntas que los estudiantes le formulaban sobre la vida y milagros de los distintos personajes.
Con esto era feliz, se encontraba lo suficientemente recompensada siendo conocida y reconocida en su isla, y, sobre todo, sabiendo que era leída por los niños y jóvenes.
Cuando presentó su novela Si estuvieras aquí al premio Nadal, lo hizo por curiosidad y por ver qué pasaba. Nunca se había atrevido con una novela, y de alguna manera, era un reto que se había impuesto.
Ahora se encontraba en unos grandes almacenes sentada detrás de una mesa de roble donde se apilaban ejemplares de su libros, y, delante de ella, había una larga fila de personas que aguardaban su turno para que les firmara un autógrafo. En uno de los momentos que levantó la mirada le pareció ver a Plácido, el que había su primer profesor de escritura creativa, que charlaba animadamente con Claudio y Alipio, dos de sus antiguos compañeros del taller. Se llevó una gran alegría al verlos, y cuando se levantó para ir a saludarlos, oyó un estridente y agudo timbre. Entonces se despertó, y, con gran desconsuelo se dio cuenta de que todo había sido un sueño, y, de que lo que sonaba era su despertador que le avisaba de que ya era la hora de levantarse. Y para colmo, ¡era lunes!































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