La tradición de la Quema de Judas de la Villa de Teror procede de antiguos rituales de purificación de lo malo por medio del fuego que a través de los siglos se han afianzado en las sociedades católicas y que por ello cuadraban perfectamente en el instante del término de la Semana Santa y previo a la Resurrección para que el pueblo entendiera que no se alcanzaba ese reinicio de la vida plena si no se destrozaba de alguna manera todo lo que simbolizara la maldad en nuestra vida anterior.
La historiadora Carmen Iglesias afirma al respecto refiriéndose al Judas de la localidad madrileña de Robledo de Chavela (tristemente conocida estos días por otros detalles) que en este ritual “encontramos superpuestos, y posteriormente adoptados y transformados por la Iglesia Católica el rito de el mayo en definitiva la colocación en el centro del pueblo, de un palo lo más alto posible que, como…fertilidad para las mujeres, no en vano coincide esta celebración con el fin del invierno y el albor de la primavera, época del renacer de la vida y de la fertilidad. Pero además unido a esto, encontramos el acto de apedrear a un muñeco, antiguamente podía ser un animal o incluso personas, como símbolo de alejamiento de los malo espíritus, en definitiva como rito exorcista para expulsar el mal de la comunidad. Por último, fiesta de rito de iniciación. Los jóvenes se incorporan al mundo de los adultos tras pasar determinadas pruebas y demostrar habilidades, tanto fuerza como destreza. Tras ello, y en medio del reconocimiento público quieren ser admitidos a ese mundo antes citado. En todo ello tendría origen remoto la fiesta que estudiamos y que sin duda obedece a motivaciones bien distintas, consecuencia tanto del paso de los siglos, como de la transformación de la realidad social y cultural de nuestros pueblos”
Eduardo Benítez Inglott afirma en el prólogo a las Memorias de Domingo J. Navarro que “fue antaño muy popular en Las Palmas el revienta Judas de la madrugada de Pascua de Resurrección. Según oímos referir en nuestra niñez a personas ancianas, consistía tal suceso en colgar del campanario del convento de San Pedro Mártir, en la plaza de Santo Domingo, un gran pelele presentando al apóstol traidor y que contenía en su panzudo vientre unos cuantos gatos vivos y gran cantidad de triquitraques y algunas bombas. Se daba fuego al pelele en la fecha citada, lo que originaba el estallido de bombas y triquitraques con el pánico consiguiente de los gatos que, mayando desaforadamente, caían a la plaza con la consiguiente algarabía de la muchedumbre que huía de los enfurecidos felinos entre gritos y risotadas. La exclaustración del año 1835 dio el golpe de muerte a tal espectáculo popular”
Al ser el acto con el que se iniciaba el Domingo de Resurrección la gente no asistía al mismo en la noche del sábado sino en la madrugada del domingo para lo cual se levantaban temprano, con la alegría de jóvenes y chiquillería un tanto amarrados por el encierro de los días de Semana Santa y tras ver como se quemaba al traidor colgado de la conventual torre asistía para “presenciar la persecución de su alma fugitiva en figura de gato negro”
Asimismo, en Telde y también desde muy antiguo la plaza del Convento de San Francisco era el lugar elegido para que la Cofradía del Santísimo Sacramento existente desde el siglo XVI celebrara de su propio pecunio un acto similar en la ciudad sureña. El sacerdote Pedro Hernández Benítez nos informa de que esa cofradía “costeaba desde muy antiguo los fuegos del «revienta Judas», especie de pelele lleno de materia inflamable untado de resina que contenía en su interior numerosos cohetes que producían sendas detonaciones y que se quemaba el domingo de Resurrección muy de madrugadita después de la salida de la misa, en medio de la algazara de la chiquillería y alegría de los mayores”
De esos “Revienta Judas” del Convento de Santo Domingo de Vegueta y de Telde procede la costumbre terorense de dar con este evento festivo, término al Triduo Pascual e inicio a la Pascua de Resurrección o Pascua Florida, opinión en la que coincido con el buen amigo y Cronista de la Ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, Juan José Laforet.
Aunque se asevere por varios investigadores su pervivencia hasta la desamortización y consiguiente exclaustración en el siglo XIX; José Miguel Pérez, presidente del Cabildo de Gran Canaria por entonces, afirmaba en su Pregón a las Fiestas de Nuestra Señora del Rosario pronunciado en Santo Domingo el año 2009 que esta fiesta se suspendió ya desde el siglo XVIII debido a su brutalidad.
Cierto es que la nota más macabra de todo el acto festivo y divertido por otra parte, es que además de voladores y petardos al Judas se le rellenaba con gatos vivos a poder ser negros; que cuando el machango comenzaba a arder escapaban si podían antes de quemarse vivos dando maullidos y lanzándose sobre la gente. Quedó pervivencia de esa antigua costumbre y en Teror se escuchaba -hasta que las prohibiciones del gobierno de Canarias lo impidieron- como la gente gritaba cuando los cohetes salían de interior del Judas en todas direcciones hacia el publico asistente cómo estos corrían entre divertidos y asustando gritando “que te arañan los gatos”. Álvarez Rixo refiere que se creía que el gato era “el alma de Judas, y apalear al pobre animal cuando salía desesperado y chamuscado era la delicia de la función”
Es verdad que en el siglo XVIII clérigos influenciados por las ideas de la Ilustración y muchos otros que coincidirían con visitantes sobre todo ingleses de la siguiente centuria, en que era costumbre bárbara y despilfarradora. El mismo Álvarez Rixo afirma con respecto al Judas de Santa Cruz que con los gastos del mismo “se quemaban locamente en un lugar donde a pesar de su opulencia pululaban muchos indigentes harapientos que habitaban y fallecían en asquerosas cuevas, cuya vista causaba rubor y sin haber donde albergarlos”
En nuestra isla lo cierto es que sin ese aspecto un tanto macabro se celebraba ya en la plaza de Santa Ana, junto a la catedral en las primeras décadas del pasado siglo, justamente por las mismas fechas en que, por la influencia decisiva de la familia de fueguistas terorenses de los Dávila.
Otros pueblos como Agaete (donde se cumplió con el rito de leer el “testamento” de Judas previamente a su quema hasta no hace muchos años), Valleseco, Arucas, Firgas, Agüimes, Moya o Guía o el barrio capitalino de Escaleritas por poner como ejemplos, el cierre de la Semana Santa con la horca y quema del apóstol traidor fue un acto festivo de los más apreciado y defendido por la juventud de esas localidades pero que, por distintas cuestiones fue desapareciendo hasta quedar aquí, único, en la Villa Mariana.
Y en Taganana, como recuerdo de un evento principalísimo de la Pascua de Resurrección de todo Tenerife.
Merece también un análisis profundo si la presencia en Venezuela tiene raíz destacada en las raíces isleñas de aquella nación.
En Teror comenzó a realizarse por lógica obvia, en la Plaza del Pino y durante muchísimos años, el discurrir del pelele por las calles -y barrios- terorenses culminaba en ella en la madrugada del Domingo de Resurrección. Pasaría posteriormente a la Fuente de La Higuera para terminar en la amplitud segura de la Plaza de Sintes, aunque tuvo algunos años otra ubicación. Siempre fueron los jóvenes los encargados de reunir el dinero para confeccionarlo y por lo tanto se les autorizaba el mantener en secreto la caracterización del mismo.
Porque de un pelele que más pareciera espantapájaros que apóstol por lo triste de sus ropajes, se pasó a lo largo del siglo XX a significar en el mismo distintos personajes que desde el mundo de la empresa, el deporte, el espectáculo o la política eran elegidos (más por sus defectos que por sus méritos) para arder en nombre de las ruindades de todas y todos.
En la Plaza de Teror ardieron cual ajusticiados inquisitoriales desde Ruhollah Jomeini hasta Farruquito pasando por Emilio Aragón, toda la plantilla de la U. D. Las Palmas o el príncipe Carlos de Inglaterra. La juventud terorense trabaja, la juventud terorense elige. Me parece lo normal.
Para Felipe Bermúdez “este rito de la quema del Judas ha tenido un sentido variado, aunque todo va a centrarse en la muerte del pecado, expiración del mal. En definitiva, en «la quema del Judas» se quería expresar la solidaridad con Jesús y el estar en contra del traidor” .
Del traidor al pueblo, a los seres humanos en general.
Por ello, si el vocerío juvenil ha sido muchas veces el de “queremos pan, queremos vino, queremos a Judas colgado de un pino, con un letrero que diga “colgado por asesino” se entiende ese sentido de disfrutar mientras se quema pensando que ojalá con el muñeco desaparecieran las maldades de tantos.
Este año no podemos. Este año, Judas se salva de la Quema.
El Ayuntamiento de Teror desde su Concejalía de Festejos anima a recrearlo en las casas con videos, fotos o dibujos y compartirlo en las redes con el hashtag #TerorQuemaAlJudasEnCasa.
Un paso más de adaptación a los tiempos de un acto con el que el pueblo de Teror no quiere, no ha querido nunca otra cosa que visualizar que la Resurrección de Dios signifique que los que van en su contra -de Dios y de la gente- ardan en el infierno lo más pronto posible.
José Luis Yánez Rodríguez. Cronista Oficial de Teror.


































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