“La arquitectura popular se deja ver de vez en cuando.
Hay determinadas edificaciones que mantienen un sabor permanente que, a pesar del inexorable paso del tiempo, nunca desaparece del todo: azotea, tejado y palmera con dos sombras proyectadas sobre el invernadero. Antes, sin él, la casa disfrutaba de más prestancia: era más libre. Ahora ya no está habitada, o esa apariencia tiene, y resulta que la soledad se ha afincado en el lugar. Pero tendrá otra vida. El tiempo, que es circular, se encargará de devolverle una nueva mirada.
Se remozará, pintará, y la ropa volverá a estar tendida en esa atalaya que es la azotea, apreciado lugar en el que nos convertimos en narradores omniscientes.”






























Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.220