Volar por las cumbres

Opinion

quicobici01ignacioEs de todos sabido que el mundo de los sueños es abstracto, aunque a veces se nos antoje real, y que quien sueña ve lo que ocurre a su alrededor desde cualquier ángulo, de manera que la mirada puede llegar a ser panorámica o incluso abarcar el perímetro de la circunferencia. Uno no sólo se ve a sí mismo sino también todo aquello que entra en el mismo entorno. Aparte de eso no existe la sincronía y no es de extrañar que presente, pasado y futuro se entremezclen en una confusa amalgama de sensaciones.

Yo soy muy dado a soñar con cosas que me impactan: una foto, una novela, una película…, especialmente en noches de luna llena, y ya he experimentado el hecho de querer despertarme de una pesadilla o, de lo contrario, desear no salir jamás del mundo encantador al que me ha transportado el sueño.

quicobici01ignacio01Después de haber visto Parque Jurásico soñé que un tiranosaurio me perseguía con la inequívoca intención de merendarme; me vi corriendo despavorido, con cara de terror, los ojos desorbitados, y así mismo podía ver al monstruo que me perseguía con las fauces abiertas de par en par, dispuesto a engullirme.
¡¡¡Socorrooooo!!!, grité desesperado antes de despertar, con el corazón a mil.

Hace poco, una noche de luna llena, me mandaron las fotografías que ilustran este texto y me enamoré igualmente de los magníficos paisajes como de la bicicleta tan moderna que armoniza con el espacio en el que aparece. Además, el amigo que me las envió hizo una apología del velocípedo y horas más tarde, en sueños, me vi, con diez años, pidiéndole encarecidamente a mi padre, después de enseñarle las fotos, que me comprara aquella bicicleta.

quicobici01ignacio02-Por favor, papá, que sólo vale dos mil pesetas.

-Pero, mi niño, no seas caprichoso, que ese es el dinero que yo gano en seis semanas.

-Por lo que más quieras, papá, cómpramela, que es preciosa; es el vehículo del futuro y seguro que con ella voy a poder volar y sentir el peso del mundo bajo las ruedas, en armonía con el medio, pues la bici me conecta con la naturaleza y me permite ser parte del paisaje. Además, tiene corazón, papá –añadí, señalando el cuadro, recordando en el presente onírico las palabras que mi amigo ciclista me diría en el futuro real, casi sesenta años después.

quicobici01ignacio03Mi padre me miró con extrañeza, como pensando: “este niño no está en sus cabales”, y negó varias veces con la cabeza.

Yo insistí, erre que erre, y, cuando ya me encontraba en la cama, a punto de dormirme, vi aparecer a mi padre, muy sigiloso, llevando consigo el preciado regalo que yo le había pedido. Y en el sueño me dormí, y seguí soñando que volaba en bicicleta por esos parajes tan idílicos que muestran las fotos.

Y si cuando soñé con el dinosaurio me alegré de despertarme y suspiré aliviado, no sentí lo mismo al dejar de volar por las cumbres. Creo que habría hecho que perdurara el sueño, si no para siempre, sí durante un largo tiempo.

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Fotos: Ignacio A. Roque Lugo


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