La luz veraniega de la tarde se ha materializado para recordarnos que Jorge Oramas pintaba la luz del mediodía.
Y la plasmaba con tal luminosidad que la tuvo que encerrar en cuadros pequeños, donde el mar vertical lucía en ocasiones como si fuera únicamente una mancha azul. Por eso la tarde se ha ido a reflejar en el antiguo hospital: “aquí estoy, no me he ido.” Es lo que nos dice el resplandor del recuerdo en un paisaje recargado y renovado, inundado de casas y azoteas con bidones escondidos, donde la vespertina luz se reparte entre claros y sombras, acariciando el lugar plenamente. Se dulcifican las fachadas en esa tonalidad única y sus contornos se suavizan antes de que desaparezcan en la noche.
Por eso Jorge Oramas ha regresado para decirnos, ahora, ¡buenas tardes!






























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