“De la melancolía”: la mirada de un lector
La novela de Espido Freire, (DE LA MELANCOLÍA, Planeta, Barcelona, 2019) es una atenta mirada a la vida de Elena, su protagonista, junto a otras realidades cercanas que a su lado caminan.
La autora, que conoce bien, muy bien, los entresijos de la escritura, ha jugado con los tiempos de todos los personajes y las diferentes tramas provocan en el lector el deseo de avanzar y no detenerse. La agradable lectura de esta novela retrasa, además, los mensajes continuos del móvil, que no para en su eterna pretensión: distraernos, pero no lo consigue. Es, desde luego, mucho más importante el libro de Espido Freire, que, aunque sepamos que es una ficción, el acuerdo tácito entre el lector y la escritora, nos lleva en volandas al regalarnos una nueva peripecia, donde el argumento se empodera y la vista ya no puede apartarse de las páginas, que parecen actuar como las rejas de una cárcel: atrapados estamos y, además, gratamente. Mide bien los instantes Espido Freire. Y los personajes, perfectamente caracterizados, a los que hemos imaginado como si disfrutáramos de una buena película, se mueven en torno a sus propios intereses que descubrimos al mismo tiempo que Elena, la personificación, acaso, de esa tristeza que encarna: la melancolía: “un glaciar que se quiebra, una barca que no se aleja con la suficiente rapidez”.
Esta melancólica situación se origina mucho antes: su padre quiere un varón y nació ella; luego, desea que se convierta en cirujana y se inclina por la carrera de Historia; a continuación, la boda que no gustó y, sobre todo, cuando sus padres verifican que con el paso del tiempo no se convertirán en abuelos.
¿Es la melancolía una manera de estar en el mundo “a su aire” o una rebeldía no anunciada de la protagonista? ¿O, acaso, ni ella misma es consciente de su propia rebelión? La razón de que Espido Freire se haya decantado por la melancolía, que siempre subyace en el fondo, como motivación central, está acorde con el planteamiento general de la novela y con los acontecimientos que rodean a Elena; desvalida, al principio, y fuerte, al final. Esa línea melancólica es el cordón umbilical que fija a la protagonista en este mundo, en este Madrid actual, donde parece que debemos actuar con pies de plomo, más que nada para fijarnos bien en el suelo y no perder la perspectiva. Las diferentes relaciones de los personajes resultan dispares e interesadas. En algunos casos, la violencia se manifiesta a través de la traición, cuya presencia acentúa el dolor pues la huella dejada es indeleble.
Mientras tanto, la melancolía va tomando forma:
Crisis > volcán >> Contexto
Separación >> glaciar >> melancolía > >hemorragia interna
Todo parece seguir un orden: de AFUERA hacia ADENTRO.
Este procedimiento metafórico incide claramente en el carácter de Elena, que se desenvuelve en “el tiempo de construir la fantasía y la esperanza de ser madre”. ¿Por qué esas ansias de maternidad? ¿Y por qué esa insatisfacción tan dolorosa? Ese deseo no alcanzado es un elemento recurrente en nuestra Literatura. Y, por aquí, la poetisa, Josefina de la Torre, también lo plasmó en sus sentidos versos del libro titulado Marzo incompleto, editado en 1968.
La novela, tremendamente actual, gira, como ya hemos dicho, en torno a la vida de la protagonista y la de “los demás”, como la autora los agrupa y clasifica al resto de los personajes, como marcando distancia. Y, quizás, en esos “demás” el principal sea Lázaro, significativo nombre, que a sus más de noventa años vive una nueva vida en el piso de Elena, como si fuera, acaso, una prórroga de su ya larga existencia. Su relato, “otra historia sobre la guerra civil”, por momentos nos hace recordar el exilio de Antonio Machado y el de tantos españoles anónimos que huyeron para sobrevivir. Y Espido Freire la ha intercalado en distintos y medidos momentos al hilo del compás principal. En el conjunto todo, esos “demás” son claves que terminan de conformar el carácter de Elena. Así que podemos hablar de Elena y sus circunstancias, donde Sergio, su ex, desempeña un extraño papel. Y dejémoslo así.
La novela, en nuestra mirada de lector y no de crítico, nos ha resultado vertiginosa, directa y entretenida. Al jugar con los distintos personajes consigue materializar una atmósfera de expectación que nos intranquiliza y, con el argumento a nuestras espaldas, no podemos dejar de leer: quedamos exhaustos en sus líneas, debidamente estructuradas por la escritora
En estos tiempos de ahora, algunos novelistas se caracterizan por alargar las historias y acumular páginas y páginas; sin embargo, esto no sucede en “De la melancolía”. Espido Freire selecciona lo materiales y destaca lo relevante, o lo que considera fundamental, y nos regala una historia de historias en los límites precisos y adecuados. Su capacidad de síntesis está más que demostrada.
En definitiva, una novela que atrapa desde el principio y que este empedernido lector ha descubierto por primera vez a una escritora con todas las de la ley. Y he disfrutado mucho. Y me ha zarandeado por donde ella ha querido.
Y “tengo para mí”, que dice Lázaro, que dijo Cervantes, que esta novela se ha desvanecido en el tiempo y el espacio ha ido mudando de lugar. Y ese guiño de la escritora es uno de los tantos que usted, inteligente lector, descubrirá e interpretará en esta magnífica novela, donde la inteligencia tiene su acomodo y el respeto al lector ha encontrado su cauce.






























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