“A pesar de que el camino se iba estrechando, logré llegar al final.
Es verdad que los obstáculos surgen a lo largo de él, donde la codicia del ser humano se hace visible, casi sin percatarnos. El árbol caído y seco no solo es una metáfora, sino la realidad manifiesta de lo que trata de esconder: el paro y el suicidio. Y no es que estos dos elementos sean las caras de una misma moneda, sino que en ocasiones parecen caminar de la mano. Tanto uno como otro esconden dramas y silencios, y ayes de dolor.
Sin embargo, no queda otra que continuar el camino y en el camino. Aunque para ello tengamos que pronunciar un “¡coño!” en voz alta y como una casa. Pues eso: ¡coño!”





























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